Marcar el rumbo
Julio César Lestido: “Uruguay tiene oportunidades; el desafío es aprovecharlas y crecer”
El presidente de la Cámara de Comercio y Servicios ahonda en competitividad, educación, inversión y las prioridades para que el país avance.Hay algo en el tono de Julio César Lestido, presidente de la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay (CCSUy), que mezcla la cautela del que mira números todos los días con la convicción de quien cree que, aun así, el rumbo no está escrito. Empieza por los datos, pero enseguida acompaña de contexto, de propuestas y, sobre todo, de decisiones.
El comercio y los servicios crecieron 1,4% en 2025 en términos reales. No es poco, pero tampoco alcanza, según sus palabras. Menos cuando el propio año muestra dos ritmos: uno de expansión hasta agosto y otro de desaceleración que termina con un último trimestre con bajo crecimiento. Lo que ve no es solo una curva, es un contexto internacional más incierto y problemas internos que siguen ahí.
Habla de guerras, de tensiones comerciales, de un petróleo que pasó de 65 a más de 100 dólares el barril, de una Europa sin liderazgo claro. Pero vuelve a poner el foco en lo local. Uruguay, resume, es un país con mercado chico y costos altos. “No somos lo competitivos que deberíamos ser para poder competir”, expresa.
El ejemplo que elige para explicarlo es simple y concreto: un puerto que no funciona con regularidad. “Vos querés vender y no podés garantizar cuándo sale la mercadería. El que te compra no te espera: se va a otro lado. El mundo funciona así, nos guste o no”, asegura. No entra en discutir culpas, evita el terreno político o sindical. Prefiere quedarse con el resultado: oportunidades que se pierden.
En esa lógica, entiende que la competitividad no es una consigna, sino una suma de pendientes. Se refiere a la energía cara, a rigideces laborales, a trabas operativas, a falta de adaptación. No hay, insiste, un único problema, sino varios que deben abordarse a la vez. Y, sobre todo, con una idea clara de fondo: Uruguay necesita crecer más. En este sentido, celebra el proyecto y las medidas presentadas por el gobierno como un primer paso y el intercambio que se ha generado.
Con una población que envejece cada vez más rápido, que tiene menos trabajadores activos y demandas sociales en aumento, hace hincapié en la importancia de promover la inversión, generar empleo y abrirse.
Por eso, defiende la llegada de capitales. “Lo importante es lo que genera acá: más puestos de trabajo, dinamismo y más ingresos”, afirma. Y en ese punto aparece otra de sus convicciones: la necesidad de cambiar la mirada, a veces negativa, sobre el empresariado. Y aclara que, cuando habla de empresarios, no piensa solo en grandes compañías, sino también en el comerciante de barrio. En ese que abre todos los días, que emplea, que sostiene. “El empresario uruguayo es bueno, es comprometido, es generoso. Hay una imagen injusta”, dice Lestido.
No piensa su rol en la CCSUy —la gremial más antigua, que en 2027 cumple 160 años— en clave personal. Llegó en 2017, dice, como un desafío. Y se quedó por convicción. “Yo hago lo que tengo que hacer y me gusta lo que hago; intento ayudar lo máximo posible”, resume, y afirma que la base de su trabajo es el diálogo permanente, siempre desde el respeto.
“Yo me siento a hablar con el gobierno que sea. El día que no pueda hacerlo será el día en que me tenga que ir”, afirma. No desde la complacencia ni la queja, aclara, sino desde una lógica proactiva: plantear problemas, pero también buscar soluciones y pedir ayuda.
Esa idea de construcción también atraviesa su definición sobre el éxito. No lo mide por lo que tiene, sino por lo que logró como persona: por la familia, la lealtad, la importancia de trabajar en equipo, la amistad, el legado familiar, por la posibilidad de aportar a la sociedad, son “las cosas que no tienen precio”.
Esa mirada no es teórica. Se fue moldeando, dice, en experiencias concretas de la vida, como la pandemia, cuando fue uno de los primeros en contraer covid-19 en Uruguay y pasó dos meses aislado. Desde ese lugar vio lo que después se transformó en una de sus principales certezas: la resiliencia del empresariado y la ciudadanía uruguaya.
Se acuerda de empresas que no podían abrir, de sectores enteros paralizados, de la incertidumbre total. Pero también recuerda resoluciones rápidas, diálogo, paciencia. Y gestos mínimos que, con el tiempo, se vuelven enormes: amigos que le llevaban a la puerta de su casa la comida desde el comercio del barrio que seguía funcionando pese a las dificultades.
También destaca decisiones políticas de ese momento, la apuesta por mantener la actividad económica y la capacidad de respuesta de un país que —según cuenta— sorprendía incluso desde afuera. “Uruguay era un caso de estudio”, señala, y rememora las charlas por Zoom con autoridades de cámaras de otros países.
Esa experiencia, y anécdotas que le producen emoción, parece haberle reforzado una idea que atraviesa toda la conversación: que en los momentos críticos es cuando se define de qué está hecho un país.
Y es ahí donde aparece una historia que, para él, funciona casi como una guía y uno de los grandes aprendizajes de su vida. Es la de Fernando Parrado, uno de los sobrevivientes de la tragedia de los Andes. Lestido recuerda lo que le contó sobre aquel momento en que, después de cruzar una montaña esperando encontrar la salida, vio que había otra más. Podía volver o podía seguir, y decidió seguir caminando.
“Si te quedás quieto, no te pasa nada, pero tampoco avanzás”, resume Lestido, como si la frase no fuera solo sobre aquella historia extrema, sino sobre el presente. La trae a la mesa durante la charla cuando habla del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Para él, la oportunidad es evidente: un mercado que se multiplica. Pero no alcanza con que exista. “El desafío es prepararse”, insiste.
Y, en ese camino, la CCSUy ya viene trabajando desde hace años: a partir del acuerdo político UE–Mercosur en 2019, junto a la Eurocámara de Uruguay y con el apoyo financiero de la Unión Europea, y en estrecha articulación con su Delegación en Uruguay, “impulsamos el programa Inspyrame UE para anticiparnos a este nuevo escenario y preparar al tejido empresarial. A través de esta iniciativa, que recorrió todo el país y alcanzó a más de 3.000 empresas, desarrollamos instancias de formación, diálogo y articulación territorial (con foco en mipymes, mujeres y jóvenes) para fortalecer capacidades en sostenibilidad, adaptación a estándares europeos e internacionalización, y así comprender cómo funciona ese mercado y qué se necesita para exportar”, explica.
Ese trabajo, dice, no se detiene. El próximo 16 de abril, la CCSUy organizará una nueva jornada para profundizar en el acuerdo y sus implicancias, en un intento de que más empresas lleguen preparadas a este nuevo escenario. Porque —y vuelve sobre la idea— el que se queda esperando pierde.
De ahí también su insistencia en poner el foco en las prioridades. Y, entre todas, una aparece primero: la educación. No desde la teoría, aclara, sino desde lo que ve como empleador. “Tenemos un 16% de jóvenes de entre 14 y 29 años que no estudian ni trabajan y uno de cada cuatro que busca y no encuentra trabajo. Si estos chicos no tienen comprensión y conocimientos, se va a demorar el desarrollo que como país estamos buscando”, subraya.
A eso suma la necesidad de un Estado más ágil —presente, pero eficiente— y de una inserción internacional inteligente, que permita no solo vender mejor, sino también comprar mejor y, en definitiva, ser más competitivo.
“Yo creo que todavía estamos a tiempo de cambiar las cosas”, expresa, y vuelve casi sin decirlo a la imagen de la montaña, a esa decisión que entiende es cotidiana: avanzar o quedarse. En su lectura, Uruguay está exactamente en ese punto.
