Francia financia un proyecto de investigación que busca recuperar las hemicelulosas de la madera y transformarlas en productos de mayor valor antes de que terminen degradadas dentro del proceso industrial y utilizadas principalmente como fuente de energía. La iniciativa apunta a integrar química y biotecnología en biorrefinerías existentes y resulta especialmente interesante para países con una industria de celulosa desarrollada, como Uruguay.
Australia del Sur activó en Mount Crawford Forest un nuevo sistema de detección temprana de incendios que combina cámaras panorámicas de alta definición, inteligencia artificial, información satelital y verificación humana. La experiencia amplía una red que ya demostró utilidad en otras zonas forestales y ofrece una referencia de interés para países como Uruguay, donde la prevención y la velocidad de respuesta son componentes centrales de la protección del patrimonio forestal.
Cuando se dice que Uruguay exportó US$ 2.754 millones en productos forestales durante 2025, la cifra parece describir un único gran negocio. Pero detrás de ese total funcionan mercados bastante diferentes entre sí. La celulosa depende fuertemente de China y Europa; la madera aserrada de eucalipto se reparte entre decenas de destinos; el pino está mucho más concentrado; los contrachapados tienen sus propios compradores y los chips dependen prácticamente de dos mercados.
El Ministerio de Ambiente mantiene en pausa la evaluación ambiental de la planta de e-combustibles que HIF Global proyecta instalar en Paysandú, mientras espera que la empresa comunique formalmente cuál será la ubicación definitiva del complejo. La eventual relocalización no implica el abandono del proyecto, pero sí obligará a revisar y, en varios casos, rehacer estudios ambientales que fueron realizados específicamente para el emplazamiento originalmente previsto en Constancia.