Cuando el agua llega, el Estado ya debería estar ahí

El desafío del Estado nacional y de las intendencias es anticiparse al riesgo, coordinar recursos y proteger a las familias antes de que el agua llegue a sus hogares.Inundaciones y familias desplazadas plantean una pregunta que Uruguay no puede postergar: ¿estamos preparados para prevenir las emergencias o seguimos esperando que ocurran para actuar?

Cada inundación transforma la meteorología en una historia familiar. Es el momento en que alguien mira el agua desde la puerta de su casa y comprende que tendrá que irse, llevando solo lo indispensable. El resto queda atrás, expuesto a la corriente.

Las calles se inundan, y los equipos de emergencia aparecen. El Estado comienza a moverse, pero la pregunta central es: ¿por qué empieza a actuar cuando la emergencia ya está instalada?

Uruguay no puede detener una tormenta, pero sí puede anticiparse. Puede conocer las zonas de riesgo, identificar las viviendas más vulnerables y prever qué caminos quedarán inutilizados. Puede organizar refugios, establecer sistemas de alerta y protocolos de evacuación, y sobre todo, puede actuar antes.

Cuando se informa sobre el número de personas desplazadas, detrás de cada cifra hay una historia. Abandonar un hogar no significa solo dejar cuatro paredes; implica perder muebles, fotografías y a veces, la principal fuente de ingresos. Para muchas familias, la inundación no termina cuando el agua baja; comienza una etapa de limpieza y reconstrucción que puede llevar semanas.

Por eso, una política de emergencia no puede limitarse a contar evacuados. Debe conocer a quiénes protege, quién necesita medicamentos y dónde hay familias vulnerables. La prevención comienza al conocer el territorio antes de que se convierta en emergencia

La responsabilidad debe ser compartida entre el Gobierno nacional y los gobiernos departamentales. El Estado nacional tiene información y recursos, mientras que las intendencias conocen el territorio. Esa combinación debería ser una ventaja, pero solo lo será si hay coordinación antes de la emergencia.

No basta con comunicarse cuando el agua ya ha comenzado a entrar. La planificación debe estar hecha previamente: quién evacúa, quién transporta y dónde se recibe a las personas. El protocolo debería estar esperando a la emergencia.

La dimensión económica es crucial. Prevenir cuesta, pero reparar, muchas veces, cuesta más. Una calle destruida o una empresa que pierde mercancía representan costos que se distribuyen sobre toda la sociedad.

Uruguay necesita cambiar la lógica. El Estado no debe aparecer solo cuando el agua ya está dentro de las casas. Debe ser el que llamó antes, el que preparó el refugio y el que sabía qué familia necesitaba asistencia

Ese es el Estado que exige el tiempo que vivimos: uno capaz de anticiparse a los hechos. Porque las tormentas pueden ser imprevisibles, pero la falta de preparación no debería serlo.

El desafío no es solo responder bien cuando llega la emergencia, sino hacer lo posible para que la próxima vez el país esté mejor preparado. Las familias necesitan saber que alguien estaba pensando en ellas antes de que tuvieran que hacerlo.

Quizás allí esté la verdadera medida de un Estado presente: que cuando llegue el agua, el Estado ya esté ahí.

Diario LA-R -Montevideo - URUGUAY - 11 Agosto 2026