Uruguay construyó en poco más de dos décadas una industria de celulosa capaz de producir más de cuatro millones de toneladas anuales y generar exportaciones superiores a los US$ 2.000 millones. Pocas cadenas productivas nacionales alcanzaron semejante escala en tan poco tiempo. Pero esa misma dimensión genera una característica que merece observarse con atención.
Cuando aproximadamente US$ 84 de cada US$ 100 exportados por el sector forestal provienen de un único producto, lo que ocurre con el precio internacional de ese producto deja de ser solamente un problema de las empresas que lo fabrican. Pasa a influir sobre las exportaciones del país, la actividad logística, la demanda de madera y, en determinados momentos, incluso sobre la lectura general del comercio exterior uruguayo.
En 2025 esa dependencia quedó especialmente visible. Uruguay produjo más celulosa, exportó mayores volúmenes, pero obtuvo menos dólares.
El año en que producir más no alcanzó
Durante 2025 Uruguay produjo 4,325 millones de toneladas de pulpa de madera, aproximadamente 4% más que durante el año anterior. Al mismo tiempo, las exportaciones forestales totalizaron US$ 2.754 millones. La celulosa explicó alrededor del 84% de ese valor, es decir, unos US$ 2.300 millones.
Sin embargo, el valor total exportado por el sector forestal cayó aproximadamente 9% respecto de 2024. La Dirección General Forestal señala directamente la principal explicación: los menores precios internacionales de la celulosa, pese al crecimiento de los volúmenes comercializados.
La situación permite separar dos conceptos que muchas veces aparecen mezclados. Una cosa es capacidad productiva y otra es valor de mercado. Uruguay puede controlar bastante bien la primera. La segunda depende en buena medida de decisiones tomadas a miles de kilómetros.
La celulosa es una commodity
La pulpa de celulosa no se comercializa como una maquinaria especial, una vivienda o un producto diseñado específicamente para determinado comprador. Es esencialmente una commodity industrial. Existen diferencias de calidad, fibra, origen, certificación y condiciones comerciales, pero el producto se negocia dentro de mercados internacionales donde existen precios de referencia para las distintas variedades.
La celulosa producida en Uruguay es fundamentalmente pulpa blanqueada de fibra corta proveniente de eucalipto, conocida internacionalmente dentro de las categorías BHKP o BEK. Esos mercados tienen referencias internacionales expresadas normalmente en dólares por tonelada.
Fastmarkets, una de las principales agencias internacionales de precios de productos forestales, publica por ejemplo referencias específicas para celulosa blanqueada de eucalipto sudamericana colocada en China y para celulosa de eucalipto comercializada en Europa. Las empresas uruguayas pueden negociar condiciones, contratos, logística y clientes. Lo que no pueden hacer es decidir unilateralmente cuánto vale una tonelada de celulosa en Shanghái, Rotterdam o cualquier otro gran centro consumidor.
Tres plantas y casi cinco millones de toneladas de capacidad
La escala industrial instalada en Uruguay también ayuda a entender por qué el precio adquiere tanta importancia. UPM Fray Bentos dispone de una capacidad aproximada de 1,3 millones de toneladas anuales, UPM Paso de los Toros agrega otros 2,1 millones y Montes del Plata tiene una capacidad cercana a 1,4 millones de toneladas anuales. En conjunto, la capacidad nominal instalada se aproxima a 4,8 millones de toneladas por año.
La producción de 4,325 millones de toneladas registrada durante 2025 significa que Uruguay ya está trabajando relativamente cerca de esa escala industrial instalada. Esto introduce otra cuestión económica. Durante las primeras etapas del desarrollo forestal, una parte importante del crecimiento podía obtenerse incorporando nuevas plantas y aumentando fuertemente la producción. Cuando existe una capacidad industrial de casi cinco millones de toneladas anuales, el margen para crecer simplemente fabricando muchas más toneladas empieza a ser diferente. Y entonces el precio pesa todavía más.
Lo que significan US$ 100 por tonelada
Puede hacerse un ejercicio muy sencillo para visualizar la dimensión del problema. No pretende calcular ganancias empresariales ni predecir exportaciones, sino solamente mostrar el efecto de escala.
Si un país comercializa aproximadamente cuatro millones de toneladas de un producto, una diferencia promedio de US$ 10 por tonelada equivale a unos US$ 40 millones. Una diferencia de US$ 50 por tonelada equivale aproximadamente a US$ 200 millones. Y una variación de US$ 100 por tonelada puede representar del orden de US$ 400 millones en el valor bruto comercializado, suponiendo constantes los volúmenes y las demás condiciones.
Por supuesto, los contratos no se renegocian todos simultáneamente ni todas las toneladas se venden al mismo precio. Pero la escala permite comprender por qué movimientos relativamente modestos del mercado internacional pueden terminar convertidos en cientos de millones de dólares cuando se observan las exportaciones de todo un año.
China puede mover la aguja
Hay además una segunda concentración. Uruguay depende fuertemente de la celulosa y la celulosa depende, a su vez, de un número relativamente pequeño de grandes mercados. China y la Unión Europea reciben conjuntamente más del 80% del volumen de celulosa exportado por Uruguay.
China tiene una importancia particular porque es uno de los grandes centros consumidores mundiales de pulpa. Eso convierte la actividad industrial china, la producción de papel y tissue, los inventarios de celulosa y las decisiones de compra de sus empresas en variables que terminan teniendo consecuencias para productores ubicados del otro lado del planeta.
En agosto de 2026, Fastmarkets ubicaba la celulosa blanqueada de eucalipto sudamericana importada por China alrededor de US$ 560-570 por tonelada, aproximadamente US$ 20 menos que un mes antes. Veinte dólares parecen poco. Multiplicados por millones de toneladas dejan de serlo.
Pero China también está cambiando
Hay otra transformación internacional que Uruguay deberá seguir atentamente. China no solamente compra celulosa, también está desarrollando su propia capacidad industrial. Según análisis presentados por Fastmarkets, la capacidad integrada de producción de pulpa en China prácticamente se duplicó en cuatro años, incorporando unos 15 millones de toneladas y superando los 32 millones de toneladas anuales.
Eso no significa que China dejará de importar celulosa. Su industria papelera es gigantesca y la demanda de fibras continúa siendo muy elevada. Pero sí significa que el comportamiento futuro de sus importaciones puede cambiar a medida que aumente la producción interna.
Para un país exportador como Uruguay, esta transformación no es un dato menor. Un crecimiento chino basado exclusivamente en aumentar importaciones sería una cosa. Un crecimiento acompañado por una fuerte expansión de su producción propia configura un mercado diferente.
Europa funciona como segundo gran apoyo
La Unión Europea aparece como el otro gran destino y durante 2026 mostró movimientos particularmente interesantes. En julio, Uruguay exportó US$ 143 millones de celulosa, 12% más que en julio de 2025. Pero la composición cambió significativamente: la Unión Europea compró US$ 61 millones, un aumento interanual de 75%, mientras China adquirió US$ 51 millones, 27% menos que un año antes. Por primera vez en ese mes, Europa pasó claramente al frente entre ambos grandes compradores.
Un mes después, en agosto, Uruguay exportó US$ 205 millones de celulosa. La cifra fue mucho mayor que la de julio, pero representó una caída interanual de 9%. Dos meses consecutivos muestran por qué hay que tener cuidado al interpretar la información forestal exclusivamente a partir de una cifra mensual.
En julio fueron US$ 143 millones y en agosto US$ 205 millones, una diferencia superior al 40% entre un mes y el siguiente. Eso no significa que una planta haya aumentado su capacidad productiva 40% en treinta días. Intervienen calendario de embarques, precios, contratos, destinos y fechas de registro de las operaciones.
Una planta puede producir casi igual y exportar cifras muy distintas
Esta característica diferencia claramente la actividad industrial de su representación mensual en las estadísticas de comercio exterior. Una planta de celulosa funciona como una enorme instalación de proceso continuo. No aumenta o reduce su producción todos los meses en la misma proporción que varían los valores exportados.
Puede existir una operación industrial relativamente estable mientras el valor de las exportaciones presenta movimientos mucho mayores. Por eso analizar el sector requiere mirar simultáneamente producción física, toneladas exportadas, precio, destinos, inventarios y valor FOB. Mirar solamente los dólares puede esconder cambios de volumen. Mirar solamente las toneladas puede esconder una caída importante del precio.
El precio bajo no significa necesariamente una industria débil
También sería equivocado interpretar esta dependencia como señal de que la industria uruguaya de celulosa es estructuralmente frágil. En realidad ocurre casi lo contrario. Una de las razones por las que empresas internacionales instalaron grandes plantas en Uruguay está precisamente en la competitividad de la producción forestal.
El país dispone de ciclos relativamente rápidos de crecimiento del eucalipto, grandes superficies forestales, una cadena logística desarrollada, disponibilidad de materia prima y plantas industriales de gran escala. UPM Paso de los Toros, por ejemplo, tiene una capacidad nominal de 2,1 millones de toneladas anuales y representó una inversión global superior a US$ 3.000 millones considerando la planta, terminal portuaria e infraestructura vinculada.
La vulnerabilidad que estamos analizando es diferente. No consiste necesariamente en que Uruguay produzca caro. Consiste en que una parte muy importante de sus ingresos forestales depende del ciclo internacional de una commodity.
El riesgo aparece en la concentración
Exportar celulosa no es el problema. De hecho, sería difícil imaginar actualmente al sector forestal uruguayo sin ella. Las plantas aseguraron demanda para millones de metros cúbicos de madera, impulsaron inversiones forestales, logística, infraestructura y servicios e incorporaron una escala exportadora que difícilmente hubiera aparecido únicamente a través de pequeños aserraderos.
La cuestión estratégica aparece cuando un producto representa aproximadamente el 84% de las exportaciones forestales. Si la celulosa sube, gran parte del sector muestra cifras extraordinarias. Si baja, puede ocurrir exactamente lo que sucedió en 2025: producir más y exportar más volumen, pero facturar menos. Eso es concentración.
Lo que Uruguay sí puede controlar
Uruguay difícilmente pueda modificar el precio internacional de la celulosa. Su producción es importante para el país, pero representa solamente una fracción del enorme mercado mundial. La estrategia, por tanto, no puede consistir en intentar controlar aquello que no controla.
Sí puede trabajar sobre otras variables: mejorar productividad forestal, reducir costos logísticos, mantener infraestructura competitiva, diversificar mercados, desarrollar investigación y genética, aumentar eficiencia industrial y, sobre todo, intentar que el crecimiento del sector forestal no dependa exclusivamente de producir más celulosa. Ahí aparece nuevamente el tema del artículo anterior.
Diversificar no significa abandonar la celulosa
El debate forestal puede caer fácilmente en una falsa oposición: celulosa o madera, grandes plantas o aserraderos, exportación masiva o productos de valor agregado. En realidad, una industria forestal madura puede contener todas esas actividades simultáneamente.
La celulosa puede seguir siendo el gran motor. Pero alrededor de ese motor pueden crecer otras cadenas menos relacionadas con el mismo precio internacional: madera aserrada, tableros, contrachapados, madera estructural, CLT, Glulam, componentes para construcción, biomasa, productos químicos derivados de la madera, servicios técnicos y conocimiento forestal.
Cada nueva actividad no elimina el riesgo asociado a la celulosa, pero reduce la proporción del sector que depende exclusivamente de ella.
La fortaleza y la vulnerabilidad son la misma cifra
Cuando Uruguay informa que la celulosa representa aproximadamente el 84% de las exportaciones forestales, puede leerse de dos maneras. Es una extraordinaria demostración del tamaño que alcanzó la industria y, al mismo tiempo, una extraordinaria demostración de concentración. Las dos cosas son ciertas.
El desafío no está en debilitar al sector que genera US$ 2.300 millones. Está en lograr que otros segmentos crezcan lo suficiente como para que, dentro de algunos años, esos US$ 2.300 millones continúen siendo fundamentales pero ya no representen casi todo el negocio forestal.
Uruguay puede plantar mejor, producir más eficientemente, construir nuevas plantas, mejorar sus puertos y transportar mejor la madera. Lo que no puede decidir es cuánto estará dispuesto a pagar el mercado internacional por una tonelada de celulosa dentro de seis meses.
Y cuando miles de millones de dólares dependen de esa respuesta, diversificar deja de ser solamente una oportunidad industrial y empieza a convertirse en una estrategia económica.
Fuentes principales: Dirección General Forestal–MGAP, Boletín Estadístico del Sector Forestal 2026 y Explorador de Datos Forestales; Uruguay XXI, informes mensuales de comercio exterior 2026; UPM; Montes del Plata; Fastmarkets, referencias y análisis del mercado internacional de pulpa de celulosa. Datos productivos y de comercio exterior correspondientes a 2025 y enero-agosto de 2026.
