Reclaman para Uruguay hasta 30% de la cuota de carne del acuerdo Mercosur – UE
El presidente pro tempore de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur Ampliado, Jorge Andrés Rodríguez, sostuvo que el reparto no puede hacerse simplemente “en partes iguales”.La negociación por el reparto de la cuota de carne entre los países del Mercosur en el marco del acuerdo con la Unión Europea continúa abierta y se ha convertido en uno de los principales asuntos de la agenda comercial del bloque.
Para Uruguay, la discusión tiene una importancia especial por el peso de la carne en las exportaciones y por el esfuerzo realizado durante años para construir un sistema productivo capaz de cumplir con las exigencias de los mercados más exigentes.
Jorge Andrés Rodríguez, actual presidente pro tempore de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur Ampliado (FARM), entiende que Uruguay debe defender una participación de entre 20% y 30% de esa cuota y que el reparto no debería resolverse exclusivamente a partir de un criterio de igualdad entre los países.
Rodríguez, que también es vicepresidente de la Federación Rural y presidente de la Asociación Rural de Soriano, culminará en septiembre su período de dos años al frente de la organización regional, cuando la presidencia pase a Confederaciones Rurales Argentinas.
Desde esa posición ha participado de las discusiones entre las gremiales rurales de los países del Mercosur y del diálogo que la FARM procura mantener con las cancillerías de la región.
Para Rodríguez, el punto central de la posición uruguaya es que el país debe lograr que se reconozca el trabajo realizado durante años en materia sanitaria, trazabilidad y calidad.
“Somos el único país que tiene trazabilidad en todo el rodeo”, sostuvo, al destacar que Uruguay no necesita ahora implementar un sistema especial para poder cumplir con las exigencias europeas, sino que ya cuenta con una herramienta desarrollada como política pública.
El dirigente entiende que esa ventaja tiene que ser considerada al momento de distribuir la cuota. El sistema uruguayo de trazabilidad, recordó, demandó un esfuerzo importante de los productores y del Estado y permitió que el país se posicionara ante los mercados internacionales con una herramienta que otros países de la región todavía están desarrollando. “Lo que hemos hecho hacia atrás” no puede quedar de lado “en pro de lo que vamos a hacer hacia adelante”, planteó.
La discusión, por lo tanto, no debería reducirse únicamente al tamaño de cada país o a su capacidad productiva, sino incorporar también las condiciones que cada uno ha construido para acceder al mercado europeo.
Uruguay: entre 20% y 30%
Rodríguez considera que Uruguay debería ubicarse en una franja de entre 20% y 30% de la cuota. El dirigente explicó que los diferentes mecanismos de reparto que se han manejado ubican a Uruguay en porcentajes diferentes, pero relativamente cercanos.
Si la distribución fuera estrictamente igualitaria entre los cuatro socios fundadores, Uruguay obtendría 25%. Otros criterios pueden llevarlo a una participación cercana al 21%. “Entre el 20 y el 30 tendría que ser Uruguay”, afirmó. En la discusión también pesa la situación de Brasil, el principal productor y exportador de carne del bloque. Rodríguez señaló que las dificultades que atraviesa actualmente Brasil para acceder al mercado europeo constituyen un elemento que debe ser considerado antes de cerrar una distribución definitiva. El dirigente entiende que no sería conveniente establecer ahora una cuota elevada para un país que enfrenta restricciones de acceso al mercado.
Mientras tanto, Uruguay ya se encuentra en condiciones de aprovechar la cuota y existen empresas que están intentando colocar embarques dentro de ese mecanismo.
La importancia del mercado europeo para Uruguay no implica, según Rodríguez, que el país o el Mercosur deban concentrar allí toda su estrategia exportadora. Europa mantiene una ventaja por su capacidad de compra y por el valor que asigna a determinados productos de alta calidad. Pero el escenario internacional cambió y el Mercosur debe ampliar su horizonte. “Europa pasó a ser autosuficiente” en varios productos y ya no presenta el mismo escenario de otras épocas, sostuvo Rodríguez. Por eso considera necesario que las cancillerías de los países del bloque profundicen la búsqueda de mercados en Asia, África y otras regiones
La diversificación permitiría evitar que una eventual concentración de la oferta regional en determinados mercados provoque un exceso de producción y una caída de los precios internacionales.
Para Rodríguez, el Mercosur posee una ventaja que debería utilizar mucho más en sus negociaciones: es una de las grandes regiones productoras y exportadoras de alimentos del mundo.
La producción de carne, granos y otros productos agropecuarios de calidad coloca al bloque en una posición privilegiada ante una demanda mundial que continúa creciendo.
Pero la estrategia de apertura hacia terceros mercados debería estar acompañada por una mejora sustancial de la integración interna. Rodríguez cuestionó las dificultades que todavía existen para trasladar mercaderías entre los países del Mercosur.
El dirigente describió como una contradicción que un camión pueda permanecer uno, dos o tres días detenido para atravesar una frontera entre países que forman parte de un mercado común. “Cuando uno sale, ingresa al país y pasa por la frontera y ve los camiones parados uno, dos, tres días para pasar una frontera de un mercado común, vemos lo lejos que estamos”, señaló. La libre circulación de mercaderías continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes del proceso de integración.
Para Rodríguez, resulta difícil reclamar apertura comercial a terceros países mientras el propio bloque mantiene obstáculos que encarecen y enlentecen el comercio entre sus integrantes. El dirigente plantea que el país puede convertirse en una plataforma para empresas extranjeras que quieran instalarse en la región.
Una agenda más amplia
La FARM busca fortalecer su participación en la discusión comercial regional a través de un vínculo más directo con las cancillerías.
Rodríguez explicó que durante los últimos años las gremiales rurales trabajaron para construir posiciones comunes y luego trasladarlas a las autoridades. La organización es miembro consultivo del Consejo Agropecuario del Sur (CAS), donde participan los ministros de Agricultura y Ganadería de los países de la región.
Además, mantiene participación en diferentes espacios vinculados a la actividad agropecuaria y sanitaria. Durante la Expo Prado –que será presentada este lunes- está previsto que la FARM participe en distintas instancias, entre ellas el Segundo Foro Agrícola, con participación de las cancillerías, el Foro Mercosur de la Carne y la Asamblea de la propia federación, donde se producirá el cambio de autoridades.
La intención es que los productores tengan una participación más directa en la definición de las estrategias de inserción internacional.
Rodríguez considera que la sanidad será cada vez más determinante para el comercio internacional de alimentos. En ese sentido, destacó los trabajos que se desarrollan en la región para enfrentar problemas como la garrapata y la mosca de la bichera. Uruguay ha desarrollado investigaciones sobre el genoma de la mosca de la bichera y la garrapata y mantiene una política activa para enfrentar estos problemas. En materia de fiebre aftosa, Rodríguez defendió la decisión de Uruguay de mantener la vacunación del ganado
Brasil, Bolivia y otros países de la región dejaron de vacunar, pero Uruguay decidió mantener el esquema preventivo.
El dirigente considera que el costo de la vacuna es muy inferior al impacto económico que provocaría un nuevo brote. Recordó que cuando Uruguay dejó de vacunar, el ahorro generado por esa decisión fue insignificante frente al costo económico que posteriormente tuvo que afrontar el país por un nuevo episodio de fiebre aftosa.
El seguro agrícola
Otro de los asuntos que Rodríguez pretende impulsar desde la FARM es la creación de mecanismos regionales de reaseguro para la actividad agrícola. Uruguay enfrenta una dificultad particular: por su tamaño territorial, una sequía o un exceso hídrico puede afectar simultáneamente a una parte significativa de la producción. Eso limita la posibilidad de diversificar geográficamente el riesgo, como ocurre en países de mayor extensión.
Rodríguez señaló que una póliza agrícola puede representar aproximadamente 10% del costo del cultivo y que, además, muchas veces cubre solamente los costos directos. La consecuencia es que pequeños y medianos productores quedan particularmente expuestos ante fenómenos climáticos extremos.
La FARM trabaja junto a autoridades de Brasil y organismos regionales para estudiar la posibilidad de incorporar a Uruguay a un sistema de reaseguro más amplio. La idea es distribuir el riesgo entre una superficie mayor y reducir el costo de las pólizas.
Para Rodríguez, el objetivo no es solamente proteger a los productores individuales, sino preservar el entramado social de la producción agrícola uruguaya y evitar que cada evento climático acelere la concentración de la actividad en grandes empresas.
Al realizar un balance de sus dos años al frente de la FARM, Rodríguez destacó como principal objetivo el intento de coordinar las posiciones de las gremiales rurales de los diferentes países. El propósito fue evitar que Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay negociaran siempre por separado y que terceros actores pudieran aprovechar las diferencias internas.
“Cuando nos miran siempre nos tratan de separar”, explicó, señalando que la coordinación regional permite mostrar la capacidad productiva conjunta del Mercosur. La estrategia incluye también defender ante Europa las características de los sistemas productivos sudamericanos.
Rodríguez cuestionó que en algunos casos las nuevas regulaciones europeas puedan transformarse en barreras paraarancelarias bajo la forma de exigencias ambientales, sanitarias o de información.
El dirigente considera que los productores del Mercosur deben tener capacidad para demostrar científicamente cómo producen y cuáles son las características de sus sistemas. En el caso de Uruguay, entiende que la trazabilidad, la producción ganadera sobre campo natural y la diversidad de sistemas productivos son activos que deben ser incorporados a la estrategia comercial. La región, sostuvo, tiene condiciones para convertirse en uno de los principales proveedores de alimentos del mundo.
La conclusión de Rodríguez es que el Mercosur no puede depender de un único mercado. El acuerdo con la Unión Europea constituye una oportunidad histórica y debe ser aprovechado, pero simultáneamente los países del bloque deben mirar hacia nuevos destinos. Asia, África y otros mercados emergentes aparecen como espacios donde existe una demanda creciente por proteínas y alimentos.
Estados Unidos y el nuevo escenario comercial
Jorge Andrés Rodríguez también analizó el impacto de la política comercial de Estados Unidos sobre países como Uruguay. El presidente de la FARM cuestionó particularmente el uso de los aranceles como herramienta para modificar las condiciones del comercio internacional
“Repartiendo aranceles como quien reparte cartas y cambiando las condiciones de juego”, fue la expresión utilizada por Rodríguez para describir la situación. Uruguay no tiene un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, pero el dirigente puso como ejemplo a Chile, que sí cuenta con un acuerdo comercial con Washington y que igualmente enfrenta decisiones arancelarias de la administración estadounidense.
Para Rodríguez, este tipo de política resulta especialmente perjudicial para economías como la uruguaya, que dependen de producir sin grandes subsidios y luego colocar sus bienes en los mercados internacionales.
“Eso le hace muchísimo daño a un país que vive de producir como el Uruguay”, afirmó. El dirigente entiende que el comercio internacional necesita reglas previsibles y que la modificación unilateral de las condiciones de acceso genera incertidumbre para productores y empresas. La situación también tiene una dimensión geopolítica. Rodríguez considera que la presión ejercida por Estados Unidos sobre Europa y el nuevo escenario internacional contribuyeron a acelerar determinadas decisiones comerciales de la Unión Europea y la búsqueda de acuerdos con otras regiones.
A su juicio, las guerras y los conflictos internacionales terminan modificando reglas que en los acuerdos comerciales aparecen como permanentes. En una economía como la uruguaya, cuya producción agropecuaria depende de la posibilidad de acceder a numerosos destinos, la previsibilidad y la apertura comercial constituyen, según Rodríguez, una condición indispensable para sostener el crecimiento exportador.
