Reserva Penino, un ecosistema en riesgo: vecinos denuncian “invasión” de autos y desinterés de las autoridades
El primer tramo de faja costera de San José, es un lugar de altìsimo valor ecológico y es frecuentado por màs de 200 especies de aves. Vecinos reclaman apoyo y control ante ingreso de vehículos indiscriminado. Aunque es un área protegida, no cuenta con guardaparques.A solo 20 minutos del Centro de Montevideo, la Reserva Natural Penino se extiende a lo largo de unos 8 kilómetros de costa sobre el Río de la Plata y contigua al Río Santa Lucía.
Es un área de altísimo valor ecológico, donde confluyen humedales, bosque ribereño, dunas y monte nativo. Sin embargo, a casi 30 años de haber sido declarada playa natural y de integrar el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), los vecinos advierten que la reserva “está protegida solo en los papeles”.
“El principal problema es el ingreso de vehículos que se profundiza en verano”, señalan los integrantes del colectivo Vecinos Voluntarios Reserva Natural Playa Penino que dialogaron con Domingo. Autos, camionetas, motos y cuatriciclos circulan y se estacionan sobre la playa con total normalidad. “La gente ve arena, pero esto no es solo arena. Debajo hay vida. Todo eso se aplasta y se muere”, explica Diver Zocolini, uno de los vecinos comprometidos con la reserva.
Días después de las jornadas con mayor afluencia, los vecinos detectan olores intensos: “Son los organismos que quedan destruidos bajo las ruedas”, complementa Marcia Fernández, estudiante de veterinaria y la más joven del grupo.
Alta biodiversidad en un ecosistema único
Playa Penino es una marisma de agua salobre, un ecosistema muy particular que recibe influencia del bosque ribereño del Santa Lucía, los humedales y la vegetación costera arenosa. Esa combinación sostiene una biodiversidad excepcional. “A lo largo del año se pueden observar más 200 especies de aves. No todas al mismo tiempo, pero es cerca de la mitad de las aves que hay en Uruguay”, detalla Fernández.
Muchas son migratorias y algunas están en peligro de extinción.
“Vienen acá a descansar y alimentarse después de recorrer miles de kilómetros. Si no pueden hacerlo, no llegan al siguiente punto”, añade Diego Peguri, otro de los vecinos.
El problema se agrava con la presencia de perros sueltos que corren a las aves. “Ese estrés permanente hace que algunas especies ya no vuelvan”, lamenta Fernández. A esto se suman los daños en las dunas, donde anidan varias especies. “Las motos, los cuatriciclos y los autos pasan por encima de los nidos. Ahí se pierde una generación entera”, continúa.
Pese a integrar el SNAP, la reserva no tiene guardaparques. San José es el único departamento del país que carece de esta figura. “El guardaparque es clave: regula, controla y articula con Prefectura, Policía e Intendencia. Hoy no hay nadie”, asegura otra de las vecinas, Karen Cáceres. La consecuencia es una zona sin autoridad efectiva. “El Estado puso el cartel en la ruta y nada más”, apunta Zocolini. A costo propio o a través de organización de rifas u otras acciones de recaudación, el grupo ha impreso folletería para brindar a los visitantes y locatarios.
Los reclamos al Ministerio de Ambiente no han recibido respuesta. Los vecinos señalan que ni en esta ni en la anterior administración se atendió la problemática de Penino a nivel nacional. A nivel departamental, la situación no es mejor. “Pedimos audiencia con la Junta de San José, pero nunca nos recibieron. Vino una comisión de turismo, hicimos una recorrida, después entraron en receso y quedó todo en la nada”, cuenta Cáceres.
Mientras tanto, el trabajo recae en los vecinos. Organizan jornadas de limpieza, forestación, salidas de observación de aves y actividades educativas. “No somos policías”, aclaran. Sin embargo, se les exige que denuncien infracciones, que fotografíen matrículas y que hagan controles. “Eso nos expone. Ya hubo situaciones violentas. A una compañera la siguieron hasta el auto por sacar fotos”, comentó Cáceres.
El colectivo también advierte sobre la falta de planificación turística. Playa Penino recibe visitantes nacionales y extranjeros, incluso grupos que llegan desde cruceros para observar aves. “Vienen con grandes equipos, observan, sacan fotos y se van. La comunidad no recibe nada”, dice Zocolini.
Los vecinos proponen un desarrollo sustentable: pasarelas de madera, miradores, un centro de interpretación y guías locales. “Conservar y generar trabajo al mismo tiempo”, dice otro miembro del grupo, Julio Yuri.
Además de su valor para la fauna, la Reserva Natural Playa Penino cumple un rol crucial en la protección de la costa frente al cambio climático. La vegetación nativa costera -compuesta por plantas pioneras adaptadas a la arena, halófilas e hidrófilas- actúa como barrera natural, reteniendo arena y formando dunas que amortiguan las crecientes del río Santa Lucía. Detrás del primer campo de dunas, árboles, arbustos y trepadoras generan una pantalla que protege las áreas bajas de inundaciones y facilita la recuperación del ecosistema después de eventos climáticos extremos. La extracción inapropiada de conchillas y los incendios intencionales amenazan este equilibrio, debilitando las dunas y afectando toda la biodiversidad asociada. Restaurar y conservar estas áreas no solo protege la vida silvestre, sino que también contribuye a la seguridad de los barrios cercanos y a la resiliencia de la franja costera ante futuras crecientes.
El próximo 6 de abril, la Reserva Penino cumplirá 30 años como área protegida. Los vecinos lo celebrarán con actividades abiertas. Pero el reclamo sigue siendo el mismo. Dice Zocolini: “Tenemos una joya ambiental única, a minutos de la capital, y está siendo cuidada solo por el voluntariado. El Estado, hoy, está ausente”.
La vida bajo las arenas húmedas de Playa Penino
Las arenas barrosas de Penino son un auténtico vivero de vida: ricas en nutrientes y hogar de microorganismos que sostienen toda la cadena trófica del área. En su superficie se encuentran cangrejos como Chasmagnathus y Cyrtograpsus, que se alimentan de detritus, mientras que bajo la tierra viven gusanos poliquetos, moluscos bivalvos como la “conchilla” Erodona mactroides y otros organismos.
El área es también un paraíso para las aves: se han registrado 244 especies, más de la mitad de las aves de Uruguay, con un 69% residentes y un 31% migratorias. Entre ellas hay varias en peligro: cuatro vulnerables (Macronectes giganteus, Larus atlanticus, Heteroxolmis dominicana y Alectrurus risora) y cinco cercanas a la amenaza, como el flamenco chileno y el chorlito acanelado. Destacan además aves de interés internacional como el gavilán langostero, el chorlo dorado y el águila pescadora.
Entre los mamíferos, el carpincho es considerado vulnerable a nivel nacional. Gracias a estas especies, la reserva integra el Programa IBAs de BirdLife International, declarada Área de Importancia para la Conservación de las Aves. Las marismas, sensibles a impactos humanos, requieren protección urgente para preservar la base de la cadena trófica y los ecosistemas intermareales y terrestres que hacen única a Penino.
