
La apicultora de Flores, reconocida entre las 100 heroínas de la FAO, construyó una trayectoria que combina producción, capacitación y organización colectiva. Su experiencia muestra cómo el acceso a infraestructura, formación y espacios de venta puede ampliar las oportunidades de las mujeres rurales.
María Laura Rodríguez González encontró en la apicultura un oficio y, con el tiempo, un espacio desde el cual acompañar a otras mujeres para que desarrollen sus propios emprendimientos. Desde Trinidad, en el departamento de Flores, su trabajo reúne el manejo de las colmenas, la comercialización de productos y la participación en organizaciones rurales.
La → Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la incluyó entre sus 100 heroínas de los sistemas agroalimentarios y el desarrollo rural. La ceremonia se celebró el 15 de octubre en Roma, durante el Año Internacional de la Agricultora 2026. La distinción reconoce una trayectoria que abarca producción, educación ambiental y liderazgo femenino.
Una entrevista publicada por Montevideo Portal el 25 de octubre permite conocer el recorrido que sostiene ese reconocimiento: el aprendizaje junto a su esposo, la construcción de una actividad propia y la búsqueda de oportunidades compartidas con otras productoras.
Reconocerse como productora
Rodríguez creció en un tambo familiar y participó desde niña en las tareas del campo. A los 18 años se trasladó a la ciudad. Aunque mantuvo sus vínculos con el medio rural, durante años no se reconoció como una mujer rural por vivir en un entorno urbano.
Las abejas volvieron a acercarla a la producción. Comenzó ayudando a su esposo, aprendió junto a otro apicultor y después incorporó cursos y búsquedas propias de información. Lo que inicialmente consideraba una colaboración se convirtió en una actividad que asumió como suya.
Según relató al medio, el emprendimiento Miel El Tano tomó su nombre de un apodo familiar de su esposo. Más adelante llegaron la capacitación comercial y la decisión de desarrollar un apiario propio: en 2019 destinó a ese objetivo los 24 enjambres que reunió durante la temporada y realizó su primera declaración de colmenas.
Infraestructura y formación para dar el siguiente paso
Los antecedentes publicados por el → Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) permiten identificar apoyos concretos detrás de ese proceso. En 2022, el organismo documentó que un grupo de ocho apicultores había accedido, mediante la convocatoria de 2016 “Más valor a la producción familiar”, a una sala móvil de extracción instalada en la sede de la Sociedad de Fomento Rural Chacras de Porongos.
También registró el acceso del grupo de mujeres a fondos para insumos, capacitación en emprendimientos y marketing, y equipamiento para participar en ferias. Eran herramientas para resolver necesidades de producción y venta, además de fortalecer la organización.
En aquel testimonio, Rodríguez explicó que trabajaba con su esposo y ubicaba las colmenas en predios de terceros. El caso muestra que vivir en una ciudad o no disponer de un campo propio no impide desarrollar una actividad productiva rural.
El valor también está en otros productos de la colmena
La diversificación forma parte de su experiencia. En setiembre de 2025, durante la propuesta “Diálogos y Saberes” de la Expo Prado, Rodríguez presentó su producción de velas. Según informó el MGAP, el apoyo del proyecto “Mujeres de la granja” le permitió incorporar un horno para fundir cera y trabajar con moldes.
Ese antecedente agrega una dimensión al perfil de la productora: aprovechar materias primas de la colmena para elaborar productos distintos de la miel y encontrar nuevos espacios de comercialización. La formación y el equipamiento se traducen, en ese caso, en una oferta más diversa.
Organizarse para ampliar oportunidades
En la entrevista de octubre, Rodríguez recordó su participación en la reactivación de Chacras de Porongos y en la formación de un grupo de mujeres. Las reuniones, las ferias y el intercambio con otras emprendedoras fueron abriendo espacios de representación y comercialización.
Su participación también se extendió a la → Sociedad Apícola Uruguaya (SAU). La FAO destaca, además, su representación ante la Secretaría de la Mujer de la → Federación Internacional Latinoamericana de Apicultura (FILAPI) y su trabajo educativo sobre abejas, polinización y biodiversidad.
En Flores, esa tarea de divulgación tiene antecedentes documentados: en mayo de 2021 participó en una actividad por el Día Mundial de las Abejas que incluyó intervenciones en espacios públicos y un encuentro virtual con escolares.
Rodríguez también plantea que el trabajo apícola necesita mayor reconocimiento frente a las pérdidas de colmenas y las dificultades de la actividad. Su respuesta ha sido insistir en la participación colectiva: “Una persona sola puede golpear puertas, pero cuando somos muchos es más fácil conseguir cosas”, expresó a Montevideo Portal.
El recorrido reúne aprendizajes técnicos, acceso a herramientas públicas y construcción de redes locales. Son condiciones que ayudan a transformar conocimientos y trabajo cotidiano en emprendimientos propios, con mayor autonomía y capacidad de participación.
Antecedente: → ICI Forestal informó el reconocimiento de la FAO el 18 de octubre de 2026.
Fuentes principales
ICI Forestal – Elaboración propia a partir de fuentes verificadas. 25 de octubre de 2026.
