Uruguay tiene actualmente cerca de 1,2 millones de hectáreas efectivas de bosques plantados y el sector forestal propone discutir una nueva expansión de hasta 500.000 hectáreas. La magnitud es suficiente para abrir una nueva etapa productiva, pero la cuestión no pasa solamente por determinar si existe superficie disponible para plantar. Antes será necesario responder preguntas estratégicas: qué especies producir, dónde localizar los nuevos bosques, qué industrias consumirían esa madera y qué infraestructura necesitaría el país cuando esas plantaciones alcancen la cosecha.
La propuesta fue presentada este mes por la Sociedad de Productores Forestales del Uruguay (SPF) durante su octavo Desayuno Forestal. Bajo el título “Sumar 500.000 hectáreas: porqué y para qué”, la organización elaboró una hoja de ruta que retoma una discusión iniciada el año anterior y analiza las condiciones que, desde la perspectiva del sector privado, serían necesarias para impulsar un nuevo ciclo de plantaciones.
Las cifras proyectadas son significativas. Según la SPF, incorporar esa superficie podría representar un incremento equivalente al 2,5% del PIB, generar 16.600 nuevos empleos y agregar aproximadamente US$ 1.300 millones a las exportaciones. Se trata de estimaciones elaboradas y presentadas por la organización empresarial y, por lo tanto, deben ser consideradas como escenarios sectoriales y no como previsiones oficiales.
De 1,2 millones a cerca de 1,7 millones de hectáreas
La escala de la propuesta puede dimensionarse a partir de las estadísticas de la Dirección General Forestal del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Uruguay alcanzó en 2025 las 1.198.207 hectáreas efectivas de bosque plantado, luego de incorporar 11.573 hectáreas netas respecto al año anterior.
Agregar otras 500.000 hectáreas equivaldría, en términos aritméticos, a aumentar alrededor de 42% la superficie efectiva actualmente registrada. Si se concretara íntegramente, el país se aproximaría a 1,7 millones de hectáreas de bosques plantados. Pero esa comparación sirve únicamente para comprender la escala: no significa que exista un programa aprobado para alcanzar esa superficie ni que pueda ejecutarse inmediatamente.
El ritmo reciente ayuda a explicar la diferencia entre una meta y su implementación. Las 11.573 hectáreas incorporadas en 2025 representan aproximadamente 1% de crecimiento anual. Una expansión adicional de medio millón de hectáreas exigiría, por tanto, un proceso prolongado o una aceleración considerable del ritmo de nuevas plantaciones.
La primera pregunta no es dónde plantar, sino para qué
La experiencia forestal uruguaya demuestra que bosque e industria deben analizarse conjuntamente. Una plantación establecida hoy comenzará a entregar determinados productos varios años después y sus posibilidades industriales estarán condicionadas por decisiones tomadas desde el comienzo: especie, genética, densidad, podas, raleos y edad de cosecha.
Plantar eucalipto destinado a fibra no responde al mismo modelo productivo que establecer pino para madera aserrable o madera estructural. Tampoco son equivalentes una plantación destinada a plywood, una producción de trozas de grandes diámetros o un esquema que combine madera industrial con biomasa y otros subproductos.
Por esa razón, una eventual expansión de 500.000 hectáreas debería estar vinculada con una hipótesis industrial. La pregunta central es qué productos necesitará fabricar Uruguay dentro de 15 o 20 años y qué materia prima será necesaria para hacerlo.
La industria actual ofrece algunas señales
El país cosechó 23,5 millones de metros cúbicos de madera en 2025. De ese volumen, 75% tuvo como destino la producción de celulosa, mientras 15% fue utilizado por aserraderos y plantas de tableros o chapas y 10% se destinó principalmente a combustible y energía.
La celulosa seguirá siendo determinante, pero las inversiones recientes muestran que la transformación mecánica está adquiriendo una nueva dimensión. → BrasPine anunció una inversión del orden de US$ 250 millones en Rivera; → Urufor desarrolla una nueva planta para procesar pino; → Lumin incorporó en Melo una nueva capacidad de producción de plywood; y → Arboreal continúa avanzando en madera de ingeniería y productos de mayor transformación.
La propia SPF señala que existen alrededor de US$ 350 millones en inversiones previstas o en curso correspondientes a tres nuevas industrias de madera sólida. Ese movimiento modifica la discusión porque una expansión forestal futura podría tener destinos más diversificados que los desarrollados durante las primeras décadas del modelo.
Pino y eucalipto plantean decisiones diferentes
Los artículos anteriores de esta serie mostraron que el pino adquiere una importancia particular en Rivera y Tacuarembó, donde se concentra la mayor parte del recurso nacional de coníferas y donde nuevas inversiones están aumentando la capacidad de transformación.
Una eventual recuperación de la superficie de pino podría abastecer aserrío, remanufactura, madera estructural, CLT, Glulam y otros productos. Pero producir madera de calidad para esos destinos requiere planificación silvícola y horizontes diferentes de los utilizados para producir fibra.
El eucalipto presenta a su vez una cadena industrial mucho más desarrollada en volumen. Además de las plantas de celulosa, existen aserraderos, plywood, chips y diferentes aprovechamientos energéticos. El desafío será determinar qué nuevas combinaciones de especies, sitios y destinos industriales pueden generar mayor valor sin producir simplemente más materia prima para mercados que no la necesiten.
Medio millón de hectáreas no significa medio millón de hectáreas continuas
Otro aspecto que deberá evitarse es imaginar la expansión como un único bloque territorial. Uruguay cuenta con grupos de suelos definidos como de prioridad forestal y el MGAP dispone de herramientas geográficas para identificar su presencia a nivel de padrón, pero la disponibilidad física de suelo no equivale automáticamente a disponibilidad económica, ambiental o productiva.
Uso agropecuario actual, precio y arrendamiento de la tierra, productividad forestal, distancia a las industrias, infraestructura vial, recursos hídricos, biodiversidad, ordenamiento territorial y regulaciones ambientales intervienen en la decisión de plantar. En determinados establecimientos, además, forestación y ganadería pueden formar parte de sistemas productivos integrados en lugar de funcionar como actividades excluyentes.
Por eso, evaluar otras 500.000 hectáreas exige identificar dónde podrían localizarse y qué productividad tendría cada región. Una hectárea situada cerca de una planta industrial y con buen crecimiento forestal no tiene la misma ecuación económica que otra ubicada a cientos de kilómetros del consumidor de la madera.
La infraestructura tendría que crecer junto con el bosque
Una expansión de esta magnitud tampoco terminaría en los límites de las plantaciones. Más madera implica caminos forestales, rutas, transporte pesado, maquinaria, viveros, contratistas, capacidad de cosecha, energía, servicios técnicos y eventualmente nuevas necesidades ferroviarias y portuarias.
La SPF identifica precisamente la infraestructura y la estabilidad de las reglas de inversión entre las condiciones necesarias para materializar su propuesta. Desde la perspectiva pública, cualquier escenario de expansión requerirá además evaluar costos de infraestructura, impactos territoriales y compatibilidad con otras actividades productivas.
La escala temporal vuelve a ser determinante. La infraestructura industrial y logística debería estar disponible cuando los nuevos bosques comiencen a producir, mientras que los inversores industriales necesitan conocer con anticipación qué cantidad y calidad de madera podrán encontrar en cada región.
Una oportunidad que todavía debe convertirse en proyecto
Las 500.000 hectáreas constituyen hoy una propuesta del sector forestal privado y no una meta oficial de plantación. Su principal utilidad puede estar precisamente en abrir una discusión que vaya más allá de la cantidad de superficie.
Antes de determinar cuánto plantar, Uruguay necesita analizar qué industrias adicionales puede desarrollar, qué mercados podrían absorber sus productos y qué combinación de pino, eucalipto y regímenes silvícolas sería necesaria para abastecerlas.
La pregunta estratégica podría plantearse incluso al revés: en lugar de definir primero 500.000 nuevas hectáreas y después buscar qué hacer con la madera, identificar qué industrias y productos tienen posibilidades competitivas y, a partir de allí, calcular qué recurso forestal adicional necesitaría el país.
Esa diferencia es fundamental porque el próximo ciclo forestal podría medirse no solamente por hectáreas plantadas o toneladas producidas, sino también por la cantidad de transformación, tecnología, empleo especializado y valor económico obtenido de cada metro cúbico de madera.
En el próximo artículo de esta serie, ICI Forestal analizará precisamente esa frontera: cuáles son los productos de mayor valor agregado que Uruguay podría desarrollar a partir de su base forestal, desde madera de ingeniería y construcción industrializada hasta biomasa avanzada y nuevas aplicaciones de la madera.
Fuentes principales
Sociedad de Productores Forestales del Uruguay. (2026, 3 de septiembre). Decisiones de hoy marcan el futuro.
Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca – Dirección General Forestal. (2026). Boletín Estadístico del Sector Forestal 2026.
Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca – Dirección General Forestal. (2026). Superficie Forestal de bosques plantados del Uruguay.
Uruguay XXI. (2026). Informe sector forestal 2026 e información para inversiones en el sector forestal.
ICI Forestal – Elaboración propia a partir de información oficial y sectorial. Las proyecciones correspondientes a una expansión de 500.000 hectáreas pertenecen a la Sociedad de Productores Forestales y no constituyen una previsión oficial. 23 de septiembre de 2026.
