Las observaciones formuladas por Ramón Méndez sobre el proyecto de HIF Global en Paysandú adquieren una dimensión particular por quién las realiza. No se trata solamente de un exdirector nacional de Energía ni de un especialista que analiza desde afuera una nueva tecnología. Méndez fue uno de los principales arquitectos de la transformación que convirtió a Uruguay, en menos de una década, en uno de los casos internacionales más estudiados de incorporación acelerada de energías renovables.
En una entrevista difundida por la diaria Radio, el físico uruguayo cuestionó la madurez económica del proyecto de HIF Global y utilizó una expresión particularmente fuerte al definirlo como un “proyecto de papel”. Sin embargo, reducir toda su argumentación a esa frase sería perder buena parte de lo que plantea. Méndez no cuestiona la importancia futura del hidrógeno verde ni descarta el desarrollo de una industria internacional de combustibles sintéticos. Su interrogante es otro: si ese futuro mercado ya tiene hoy las dimensiones, compradores, precios y condiciones financieras necesarias para sostener una inversión de esta magnitud.
No es una opinión más dentro del debate energético
Para comprender el peso de sus afirmaciones es necesario detenerse primero en su trayectoria. Ramón Méndez es licenciado en Física por la Universidad de Grenoble, Francia, y doctor en Ciencias Físicas por la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Desarrolló además una extensa actividad académica y de investigación antes de asumir responsabilidades de gobierno.
Entre 2008 y 2015 ocupó la Dirección Nacional de Energía en un momento particularmente complejo para Uruguay. El país tenía una fuerte dependencia de los combustibles importados, estaba expuesto a la variabilidad de la generación hidroeléctrica y sufría los efectos económicos de cada período de escasez de lluvias o aumento internacional del petróleo.
Desde esa función Méndez encabezó el diseño y la implementación de la Política Energética 2008-2030, posteriormente respaldada por los principales partidos políticos uruguayos. Ese consenso permitió que la estrategia energética trascendiera un período de gobierno y se convirtiera, en los hechos, en una política de Estado.
Una transformación que sorprendió fuera de Uruguay
Los resultados terminaron colocando a Uruguay en una posición poco habitual para un país de su tamaño. Al finalizar aquel proceso, más del 94% de la electricidad ya provenía de fuentes renovables y en los años posteriores la participación se consolidó en valores cercanos al 98% o 99%, dependiendo de las condiciones hidrológicas de cada año.
La transformación incorporó masivamente generación eólica, biomasa y posteriormente energía solar, complementando una base hidroeléctrica que ya existía. Pero el cambio no consistió solamente en instalar aerogeneradores. Fue necesario modificar mecanismos de contratación, regulación, planificación, operación del sistema eléctrico y vinculación entre inversión pública y privada.
De acuerdo con evaluaciones internacionales sobre aquel proceso, se movilizaron inversiones superiores a los 5.000 millones de dólares, una cifra extraordinaria para la dimensión de la economía uruguaya de la época. También se atribuye a esa transformación la creación de alrededor de 50.000 puestos de trabajo vinculados directa o indirectamente al nuevo sector energético y una reducción cercana al 40% en los costos medios de generación.
El cambio produjo además un resultado difícil de valorar solamente en dólares: disminuyó considerablemente la exposición del sistema eléctrico uruguayo a las oscilaciones internacionales del petróleo y a la necesidad de recurrir masivamente a generación térmica costosa durante los períodos de déficit hídrico.
De experiencia nacional a reconocimiento mundial
La dimensión internacional que posteriormente adquirió Méndez ayuda a comprender por qué su opinión actual merece una atención especial. En 2016, la revista Fortune lo incluyó entre los 50 grandes líderes mundiales de ese año, destacando precisamente el proceso de descarbonización desarrollado en Uruguay.
Su actividad continuó luego en organismos vinculados a la energía y el cambio climático. Presidió el Consejo de la Agencia Internacional de Energías Renovables, IRENA, y participó en ámbitos vinculados al Fondo Verde para el Clima. También tuvo responsabilidades nacionales en las negociaciones climáticas que desembocaron en el Acuerdo de París de 2015.
En 2023 recibió el Carnot Prize del Kleinman Center for Energy Policy de la Universidad de Pensilvania, uno de los reconocimientos académicos internacionales vinculados a las políticas energéticas. El premio destacó justamente su papel en la transformación del sistema eléctrico uruguayo.
Dos años después fue seleccionado por Climate Breakthrough dentro de su programa internacional 2025, que otorgó a cada uno de sus seleccionados financiamiento plurianual por cuatro millones de dólares para desarrollar iniciativas capaces de producir transformaciones climáticas a gran escala. En el caso de Méndez, el objetivo es trasladar y adaptar parte de la experiencia uruguaya a otros países del Sur Global.
Desde abril de 2025 preside además REN21, una de las principales redes internacionales dedicadas a políticas de energías renovables, que reúne representantes de gobiernos, organismos internacionales, instituciones académicas, organizaciones de la sociedad civil y actores del sector energético.
A través de la Fundación Ivy, Méndez participa asimismo en trabajos de asesoramiento y cooperación con distintos países latinoamericanos para analizar cómo reproducir, adaptándolas a otras realidades, algunas de las condiciones que hicieron posible la transformación uruguaya.
Su crítica no es contra las energías renovables
Todo este recorrido vuelve especialmente significativo un aspecto de la entrevista: quien formula las objeciones a HIF no puede ser presentado razonablemente como un adversario de las energías renovables. Buena parte de su trayectoria profesional y política estuvo dedicada precisamente a demostrar que una transición energética acelerada era técnicamente posible y económicamente conveniente.
Méndez tampoco descarta el hidrógeno verde. Por el contrario, considera que será una herramienta importante dentro de la transformación energética mundial y que terminará existiendo un mercado relevante para sus derivados.
La diferencia aparece en los tiempos. Según su análisis, las expectativas iniciales sobre el crecimiento del hidrógeno verde y los combustibles sintéticos se han moderado durante los últimos años. Por eso plantea una separación entre el potencial tecnológico de largo plazo y la existencia actual de un negocio suficientemente maduro como para sostener inversiones de varios miles de millones de dólares.
¿Qué significa entonces hablar de un “proyecto de papel”?
La expresión utilizada por Méndez no debería interpretarse literalmente como si HIF Global careciera de estudios, ingeniería o trámites realizados. El proyecto de Paysandú ha avanzado considerablemente en esos terrenos.
HIF obtuvo la Viabilidad Ambiental de Localización y en marzo de 2026 presentó ante el Ministerio de Ambiente la Solicitud de Autorización Ambiental Previa junto con su Estudio de Impacto Ambiental. El proyecto actualmente considerado prevé una inversión superior a los 5.300 millones de dólares y una capacidad nominal de hasta 876.000 toneladas anuales de e-metanol.
La empresa también informa haber alcanzado acuerdos preliminares de compra con compañías internacionales. Esos avances son relevantes y muestran que existe un desarrollo empresarial y técnico concreto.
Pero el propio acuerdo firmado entre HIF y el Gobierno uruguayo a fines de 2025 ubicaba todavía al emprendimiento en una etapa previa a la decisión final de inversión. Allí aparece precisamente el punto sobre el que Méndez concentra su cuestionamiento: una cosa es disponer de ingeniería, permisos en trámite y acuerdos preliminares, y otra diferente haber cerrado el conjunto de contratos, financiamiento y mercados que convierten una propuesta industrial en una inversión definitivamente ejecutable.
El comprador aparece como una pieza central
Méndez lleva buena parte del razonamiento hacia una cuestión empresarial básica: antes de producir a gran escala hay que saber quién comprará, en qué cantidades, durante cuánto tiempo y a qué precio.
En mercados tradicionales existen referencias internacionales relativamente consolidadas y cadenas comerciales desarrolladas. En el caso de los e-combustibles, el mercado global todavía está formándose y dependerá en buena medida de regulaciones ambientales, obligaciones de reducción de emisiones, políticas de transporte marítimo y aéreo y de la capacidad de los combustibles sintéticos para competir con otras alternativas de descarbonización.
Desde esa perspectiva, Méndez cuestiona que puedan considerarse definitivamente resueltas tres variables fundamentales: quién financiará una inversión de semejante escala, quién garantizará todos los insumos necesarios y, especialmente, quién comprará la producción durante el período requerido para recuperar el capital invertido.
La energía y el límite de los incentivos
Otro de los ejes planteados en la entrevista es el precio de la energía. La electricidad constituye uno de los componentes esenciales del costo de producción del hidrógeno verde y, por extensión, de los combustibles sintéticos obtenidos a partir de él.
La discusión pasa entonces a ser económica y política: qué condiciones debería ofrecer Uruguay para hacer viable una inversión de este tipo y cuál sería la frontera entre una política razonable de promoción industrial y una transferencia excesiva de riesgos desde una empresa privada hacia el Estado.
La pregunta resulta particularmente significativa viniendo de Méndez. La transformación energética que él encabezó también recurrió a inversión privada, contratos de largo plazo y políticas públicas activas. Su experiencia, por lo tanto, no parte del supuesto de que el Estado deba permanecer al margen de los procesos de transformación tecnológica. Lo que coloca sobre la mesa es qué condiciones se negocian, qué riesgos asume cada parte y qué beneficios permanecen finalmente en el país.
Una advertencia que merece ser discutida por sus argumentos
Los antecedentes de Méndez tampoco convierten automáticamente cada una de sus afirmaciones en una verdad indiscutible. HIF Global sostiene una visión diferente sobre las perspectivas del mercado internacional de e-combustibles y continúa avanzando técnica y comercialmente con el proyecto de Paysandú.
Pero su trayectoria obliga, al menos, a tomar seriamente las preguntas que plantea. La transformación energética uruguaya demostró que es posible anticiparse a cambios tecnológicos globales, atraer enormes volúmenes de inversión y modificar profundamente un sistema energético en pocos años. Méndez fue uno de los protagonistas centrales de aquel proceso y posteriormente pasó a ser consultado internacionalmente precisamente por esa experiencia.
Por eso resulta particularmente relevante que hoy sea él quien advierta sobre la necesidad de diferenciar una tecnología con enormes posibilidades futuras de un proyecto cuya ecuación económica todavía debe terminar de cerrarse.
Una discusión mucho más grande que HIF
La entrevista termina abriendo una discusión que supera ampliamente a una empresa. Uruguay posee recursos renovables, conocimiento acumulado, estabilidad institucional y una experiencia energética que pocos países de la región pueden exhibir. Eso lo coloca en una buena posición para participar de nuevas industrias vinculadas al hidrógeno, los combustibles sintéticos y la descarbonización.
El desafío consiste en hacerlo sin confundir oportunidad tecnológica con rentabilidad garantizada. Será necesario analizar mercados, compradores, contratos, infraestructura, costos energéticos, disponibilidad de agua, origen del carbono, financiamiento y beneficios económicos locales.
HIF Global podría convertirse en una inversión industrial de enorme importancia para Paysandú y para Uruguay. También podría enfrentar un mercado internacional que tarde más de lo esperado en desarrollarse. Ambas posibilidades forman parte de una discusión que recién comienza y que merece bastante más análisis que una simple división entre quienes apoyan o rechazan el proyecto.
La principal virtud de la entrevista de Ramón Méndez es precisamente obligar a formular esas preguntas. Y en este caso no provienen de alguien que observe la transición energética desde la teoría, sino de uno de los técnicos uruguayos que participó directamente en una transformación que terminó convirtiéndose en referencia mundial.
Fuentes principales: la diaria y la diaria Radio, entrevista a Ramón Méndez, setiembre de 2026; REN21; Kleinman Center for Energy Policy, University of Pennsylvania; Climate Breakthrough; International Renewable Energy Agency, IRENA; Ministerio de Ambiente – Observatorio Ambiental Nacional, Proyecto HIF Paysandú; HIF Global – Proyecto Paysandú.
