Francia financia un proyecto de investigación que busca recuperar las hemicelulosas de la madera y transformarlas en productos de mayor valor antes de que terminen degradadas dentro del proceso industrial y utilizadas principalmente como fuente de energía. La iniciativa apunta a integrar química y biotecnología en biorrefinerías existentes y resulta especialmente interesante para países con una industria de celulosa desarrollada, como Uruguay.
El proyecto HEMICELLULOSES es coordinado por Grenoble INP – UGA y recibió 1,6 millones de euros de financiación pública francesa a través del programa France 2030 y del PEPR B-BEST, orientado al desarrollo de biomasa, biotecnologías y procesos sostenibles para productos químicos y combustibles.
La investigación tendrá una duración de cuatro años y reúne equipos de LGP2, G-SCOP y CERMAV, en Grenoble; Institut Pascal, en Clermont-Ferrand; y BioEcoAgro, en Lille. Los trabajos combinarán procesos químicos y biotecnológicos, selección de enzimas, producción a escala piloto, caracterización de compuestos y evaluación ambiental.
La madera contiene mucho más que celulosa
La celulosa es el componente de la madera con mayor desarrollo industrial y comercial, pero no es el único. Las hemicelulosas representan aproximadamente entre 20% y 30% de la biomasa vegetal y contienen diferentes azúcares que pueden convertirse en materias primas para otras industrias.
A diferencia de la celulosa, formada esencialmente por glucosa, las hemicelulosas contienen combinaciones de xilosa, manosa, galactosa, arabinosa y otros azúcares. Algunos son relativamente difíciles de obtener a partir de otras fuentes y tienen aplicaciones potenciales en alimentos, química, materiales, cosmética y salud.
Entre los ejemplos citados por los investigadores aparece la xilosa, que puede utilizarse para producir xilitol, un edulcorante empleado en productos sin azúcar y productos de higiene bucal. También puede transformarse en furfural, utilizado como solvente de origen biológico y como intermediario para fabricar polímeros y otros compuestos químicos.
Los oligómeros derivados de las hemicelulosas presentan además propiedades prebióticas que podrían ampliar su utilización en alimentos funcionales, salud y cosmética.
El desafío no es encontrar el recurso, sino separarlo sin perjudicar el proceso
En las plantas de celulosa Kraft, una parte importante de las hemicelulosas termina disuelta y degradada junto con la lignina dentro del licor negro. Esa corriente no constituye actualmente un residuo sin utilidad: se concentra y quema en la caldera de recuperación para generar calor, vapor y electricidad, mientras los productos químicos inorgánicos son recuperados y devueltos al proceso.
Ese punto es central para interpretar correctamente el proyecto francés. Recuperar hemicelulosas no significa simplemente rescatar un material que hoy se desperdicia. Implica retirar parte de una corriente que ya cumple una función energética y química fundamental dentro de la fábrica.
Por eso, el objetivo declarado por el equipo de Grenoble es desarrollar procesos capaces de integrarse a biorrefinerías existentes sin alterar de forma negativa su equilibrio energético. Los investigadores identificaron dos puntos del proceso en los que sería posible recuperar estos compuestos y analizarán alternativas de extracción compatibles con la operación industrial.
Una investigación que continúa una línea iniciada hace años
La idea de valorizar hemicelulosas no surge de cero. La Agencia Nacional de Investigación de Francia ya había financiado anteriormente el proyecto SUCROL, también coordinado por Christine Chirat, orientado a extraer pentosas de maderas de latifoliadas antes de la cocción Kraft para producir tensioactivos de origen biológico.
Los resultados de aquella experiencia mostraron que era técnicamente posible extraer una fracción importante de azúcares sin comprometer la calidad de la celulosa e incluso facilitar determinadas etapas de cocción. El nuevo proyecto amplía esa línea de trabajo con herramientas de química, biotecnología y evaluación ambiental más avanzadas.
La propia documentación francesa planteaba ya entonces una cuestión económica que continúa vigente: las plantas europeas deben competir con grandes productores de celulosa de América del Sur y Asia, donde la disponibilidad de materia prima y las escalas industriales permiten costos de producción muy competitivos. Una de las respuestas posibles es obtener más productos y más valor de cada tonelada de madera procesada.
De planta de celulosa a biorrefinería
La lógica del proyecto se inscribe en una transformación más amplia de la industria forestal. Una planta moderna de celulosa ya produce fibra y energía; el concepto de biorrefinería busca además separar y valorizar una cantidad creciente de los componentes de la madera antes de destinarlos al uso energético.
La pregunta económica es similar a la que se aplica en otros procesos industriales: qué fracciones conviene utilizar como combustible y cuáles pueden transformarse en productos de mayor valor sin reducir la eficiencia general del complejo.
Lignina, hemicelulosas, extractivos, gases biogénicos y otros flujos generados por la transformación de la madera comienzan así a ser considerados potenciales materias primas para químicos, combustibles, materiales y productos especiales.
Este enfoque puede aumentar el valor generado por la misma base forestal sin exigir necesariamente una expansión proporcional de la superficie plantada o del volumen de madera cosechado. Esa característica resulta especialmente relevante para una estrategia forestal que busque profundizar la industrialización y el valor agregado.
Una referencia directa para Uruguay
Uruguay dispone de tres grandes plantas de celulosa Kraft y de una base forestal capaz de abastecer procesos industriales de escala mundial. En esos complejos, el licor negro ya es un componente central de la autosuficiencia energética.
Montes del Plata explica que, después de la digestión, el licor utilizado para separar la celulosa se mezcla con componentes orgánicos de la madera y se convierte en licor negro. Esa corriente se concentra en evaporadores y luego se quema en la caldera de recuperación para producir calor y electricidad, mientras los compuestos inorgánicos se procesan para reconstruir el licor blanco y reincorporarlo al ciclo industrial.
La empresa señala además que los restos de hemicelulosa y lignina tienen suficiente contenido energético para autoabastecer el complejo industrial y generar excedentes que se vuelcan a la red eléctrica nacional.
UPM utiliza el mismo principio en sus plantas uruguayas. La planta de Fray Bentos, por ejemplo, está diseñada para autoabastecerse eléctricamente mediante la combustión de licor negro y entregar energía excedente al sistema eléctrico.
Por lo tanto, una eventual aplicación futura de tecnologías como las investigadas en Francia debería demostrar que el valor económico y ambiental de los nuevos productos compensa la energía que dejaría de obtenerse de los compuestos extraídos, además de mantener la recuperación química y la eficiencia general de la fábrica.
Más valor de la misma madera
Para Uruguay, el interés estratégico de esta línea de investigación está menos en copiar una tecnología todavía experimental que en observar hacia dónde evoluciona la industria forestal internacional.
El país ya posee materia prima, infraestructura, conocimiento industrial, energía renovable y plantas de gran escala. Una siguiente etapa de desarrollo puede consistir en incorporar procesos capaces de obtener más productos de la misma madera: químicos, materiales, combustibles y moléculas especializadas que complementen a la celulosa.
Esto permitiría profundizar el valor agregado sin asociar necesariamente el crecimiento del sector a un aumento equivalente de la superficie forestada. También diversificaría los ingresos de la industria y reduciría parcialmente la exposición a los ciclos internacionales del precio de la celulosa.
HEMICELLULOSES todavía es investigación y no una tecnología comercial lista para instalar. Pero señala con claridad una dirección: en una industria forestal madura, el desafío ya no es solamente producir más fibra, sino encontrar el mejor uso posible para cada componente de la madera.
Fuentes principales
Grenoble INP – UGA. (2026, 10 de septiembre). Hemicelluloses: transforming a wood co-product into a strategic resource.
Agence Nationale de la Recherche. (2025). PEPR B-BEST: Projets sélectionnés – France 2030.
Agence Nationale de la Recherche. (2010). Bioraffinerie lignocellulosique pour la production simultanée de cellulose et de pentoses pour la fabrication de tensio-actifs verts – SUCROL.
Montes del Plata. (2026). Celulosa y energía.
UPM. (2025). UPM Fray Bentos mill – Review of the year 2024.
ICI Forestal – Elaboración propia a partir de Grenoble INP – UGA, Agencia Nacional de Investigación de Francia y documentación técnica de Montes del Plata y UPM. 11 de septiembre de 2026.
