Uruguay busca avanzar desde una matriz eléctrica ampliamente renovable hacia una red más digital, flexible e integrada regionalmente. Ese fue uno de los ejes del V Simposio Redes y Ciudades Inteligentes de la Comisión de Integración Energética Regional (CIER), realizado en Montevideo, donde autoridades y especialistas analizaron el papel de las redes inteligentes, la generación distribuida, la automatización y el intercambio regional de energía en la próxima etapa de transformación del sistema eléctrico.

La ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, participó en la apertura del encuentro junto con la presidenta de UTE, Andrea Cabrera; el presidente de la CIER, Félix Sosa; el presidente del Comité Uruguayo de la CIER (CUCIER), Luis García; y el director ejecutivo de la organización regional, Alejandro Sruoga.

El simposio, que se desarrolla entre el 9 y el 11 de septiembre, fue organizado por la Comisión de Integración Energética Regional y el CUCIER. Su agenda incluye redes eléctricas inteligentes, ciudades inteligentes, integración de recursos energéticos distribuidos y una visita técnica a instalaciones de UTE.

Durante la apertura, Cardona destacó la necesidad de que la innovación tecnológica se traduzca también en mayor equidad territorial y acceso a los servicios. Según señaló, la integración regional puede aportar menores costos, mayor eficiencia y mayor flexibilidad al sistema eléctrico.

“Tenemos que lograr, además de estar interconectados, estar realmente integrados”, afirmó la ministra, de acuerdo con la información publicada por el Ministerio de Industria, Energía y Minería.

De generar energía renovable a administrarla de forma inteligente

Uruguay llega a esta discusión desde una posición diferente a la que tenía cuando comenzó la transformación de su matriz eléctrica. En 2025, el 98% de la electricidad generada en el país provino de fuentes renovables. La hidroelectricidad representó el 46% de la generación, la energía eólica el 34%, la biomasa el 14% y la solar el 4%, mientras las fuentes fósiles aportaron apenas el 2%.

Según los datos de la Dirección Nacional de Energía, durante 2025 se entregaron 13.040 GWh al Sistema Interconectado Nacional y alrededor del 8% de la electricidad generada fue exportada.

Una matriz con elevada participación eólica, solar e hidráulica plantea desafíos diferentes a los de un sistema dominado por generación térmica convencional. La producción renovable varía según disponibilidad de viento, radiación solar y agua, mientras el consumo cambia hora a hora. Para administrar esa combinación con eficiencia se necesitan redes capaces de medir, comunicar y responder con creciente rapidez.

Ese es precisamente uno de los campos en los que las denominadas redes inteligentes adquieren importancia. No se trata solamente de incorporar más equipos electrónicos, sino de obtener información de la red en tiempo real, automatizar maniobras, detectar fallas, gestionar mejor la demanda e integrar generación distribuida, almacenamiento y nuevos consumos eléctricos.

Más de 1,7 millones de hogares ya tienen medición inteligente

Uruguay ya avanzó considerablemente en uno de los componentes básicos de esa transformación. En abril de 2026, UTE informó que más de 1.700.000 hogares contaban con medidores inteligentes, una cobertura cercana al 100% a nivel nacional.

Estos equipos registran el consumo en intervalos de 15 minutos y permiten realizar distintas operaciones de forma remota. También ayudan a detectar cortes e irregularidades con mayor rapidez y ofrecen a los usuarios información detallada sobre sus patrones de consumo.

La infraestructura de medición crea además una base de datos que puede utilizarse para diseñar tarifas horarias, incentivar consumos en momentos de mayor disponibilidad renovable y reducir la presión sobre la red durante las horas de máxima demanda.

La red también debe acompañar nuevas inversiones

La digitalización no sustituye a la infraestructura física. Uruguay continúa necesitando líneas, subestaciones y capacidad de transmisión para acompañar el crecimiento de la demanda y permitir que nuevas industrias puedan instalarse donde existen recursos productivos.

Un ejemplo reciente es el Anillo Eléctrico del Norte. En mayo de 2026 UTE energizó el primer tramo entre Salto y Tacuarembó de una infraestructura de 500 kV que comprende alrededor de 350 kilómetros de líneas de extra alta tensión. Según Presidencia de la República, la obra elimina saturaciones de la red, reduce pérdidas y aumenta la capacidad disponible para grandes proyectos industriales.

Ese vínculo entre energía e industria es especialmente relevante para un país que busca avanzar hacia actividades de mayor valor agregado. Nuevas plantas industriales, centros de datos, movilidad eléctrica, producción de hidrógeno y e-combustibles, así como la expansión de cadenas productivas ya consolidadas, requieren no solamente energía renovable sino también disponibilidad, calidad y capacidad de conexión.

La industria forestal forma parte de ese escenario. Plantas de celulosa, aserraderos, industrias de transformación de madera y futuros procesos de mayor valor agregado necesitan infraestructura eléctrica confiable. Al mismo tiempo, la cadena forestal participa de la matriz energética mediante biomasa y procesos industriales capaces de producir y consumir energía dentro de sistemas cada vez más integrados.

Integración regional: infraestructura que ya existe y puede aprovecharse mejor

El otro eje central planteado durante el simposio fue la integración regional. Uruguay dispone de interconexiones eléctricas importantes con Argentina y Brasil, pero la existencia física de esas líneas no implica por sí sola que toda su capacidad pueda utilizarse permanentemente de la forma más eficiente.

Con Argentina existe una capacidad de intercambio del orden de 2.000 MW a través del sistema asociado a Salto Grande. Con Brasil funcionan las interconexiones de Rivera-Livramento y Melo, esta última mediante una conversora de frecuencia de 500 MW, necesaria porque ambos países operan sus sistemas eléctricos a frecuencias diferentes.

En febrero de 2025 Uruguay y Brasil acordaron ampliar las posibilidades de intercambio por la interconexión de Melo. UTE informó entonces que el acuerdo permitiría aumentar el flujo hasta el entorno de los 500 MW.

La utilidad regional de esa infraestructura volvió a quedar demostrada en julio de 2026. Durante un récord de demanda eléctrica provocado por una ola de frío, Uruguay abasteció su propio consumo con generación renovable y simultáneamente permitió el tránsito de electricidad desde Brasil hacia Argentina utilizando la interconexión disponible a su máxima capacidad de 500 MW, según informó UTE a través de Presidencia.

Ese episodio muestra la diferencia entre pensar la energía exclusivamente dentro de las fronteras nacionales y considerarla como parte de un sistema regional. Países con matrices distintas, horarios de demanda diferentes y variabilidad climática pueden complementarse, reducir costos y disminuir la necesidad de mantener generación de respaldo basada en combustibles fósiles.

Recursos energéticos distribuidos: una red que deja de funcionar en una sola dirección

Otro de los temas del encuentro es la integración de recursos energéticos distribuidos. La CIER incluye dentro de este concepto a la generación distribuida y a las nuevas tecnologías que obligan a modificar la planificación y operación tradicional de las redes.

Durante gran parte de la historia del sistema eléctrico, la energía circuló esencialmente en una dirección: desde grandes centrales hacia los consumidores. La incorporación de generación solar en industrias, comercios y viviendas, sistemas de almacenamiento y vehículos eléctricos convierte progresivamente a la red en una estructura con flujos más variables y bidireccionales.

Administrar esa complejidad requiere comunicaciones, automatización, modelos predictivos y capacidad de respuesta. También plantea desafíos regulatorios sobre tarifas, comercialización de excedentes, respaldo de la red y distribución de los costos de infraestructura.

Tecnología con alcance territorial

Cardona colocó durante su intervención un énfasis particular en que la modernización tecnológica no profundice diferencias territoriales. En el caso eléctrico, este concepto tiene una dimensión concreta: una red digital no debería concentrar sus beneficios únicamente en Montevideo o en grandes consumidores.

La automatización de redes rurales, la detección remota de fallas, la medición inteligente y una mayor capacidad de transmisión pueden mejorar la calidad del servicio también en departamentos donde se localiza buena parte de la producción agropecuaria, forestal e industrial.

La equidad territorial, en este caso, no debería plantearse como un concepto separado de la productividad. Una empresa instalada lejos de los principales centros urbanos necesita energía con la misma calidad y previsibilidad que una ubicada en el área metropolitana. Reducir esas diferencias también mejora las posibilidades de descentralización industrial.

La segunda etapa de la transición energética

Uruguay logró durante las últimas dos décadas una transformación profunda de su generación eléctrica. El desafío que comienza a hacerse más visible es diferente: aprovechar mejor esa infraestructura, administrar una demanda creciente, integrar nuevas fuentes y consumos, aumentar la flexibilidad de la red y profundizar el intercambio regional.

La discusión sobre redes inteligentes no es, por tanto, solamente tecnológica. Tiene consecuencias sobre costos de producción, localización de nuevas industrias, seguridad energética, competitividad exportadora y capacidad para incorporar actividades que demandarán grandes cantidades de electricidad renovable.

Para un país que busca sumar valor a sus cadenas productivas —incluida la forestal—, disponer de energía limpia ya constituye una ventaja. Convertir esa energía en un servicio cada vez más flexible, previsible y disponible en todo el territorio puede transformarla también en una herramienta de política industrial.

En ese sentido, el V Simposio de CIER pone sobre la mesa una discusión que probablemente marque la próxima década: después de transformar la forma en que Uruguay genera electricidad, el siguiente paso es transformar la manera en que la red la administra, distribuye e integra con la región.

Referencias

Comisión de Integración Energética Regional. (2026). V Simposio CIER: Redes y Ciudades Inteligentes.

Comisión de Integración Energética Regional. (2026). Recursos energéticos distribuidos.

Ministerio de Industria, Energía y Minería. (2026, 9 de septiembre). Ministra Cardona destacó la importancia de innovar en energía con perspectiva de derechos y equidad territorial.

Ministerio de Industria, Energía y Minería. (2026, 2 de enero). Uruguay mantiene su alta renovabilidad en la generación eléctrica.

Presidencia de la República Oriental del Uruguay. (2026, 26 de mayo). UTE energizó el primer tramo del Anillo Eléctrico del Norte de 500 kilovoltios.

Presidencia de la República Oriental del Uruguay. (2026, 3 de julio). Solidez de sistema eléctrico uruguayo permite abastecer demanda histórica por frío intenso, destacó UTE.

UTE. (2025, 13 de febrero). Uruguay y Brasil: aumento en la potencia del flujo de energía eléctrica entre ambos países.

UTE. (2026, 8 de abril). Más de 1.700.000 hogares uruguayos con medidores inteligentes: un hito que posiciona al país como pionero en América Latina.

ICI Forestal – Elaboración propia a partir de información del MIEM, UTE, Presidencia de la República y Comisión de Integración Energética Regional. 10 de septiembre de 2026.