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jourdan SantanderEMPRESARIO, EX GERENTE GENERAL DEL BANCO SANTANDER
Jorge Jourdan: "Vamos a tener un país de guetos si no mejora la educación"

Estuvo al frente del principal banco privado del Uruguay durante la crisis del 2002. Jorge Jourdan dice que ese momento fue tan duro que es difícil encontrar las palabras justas para graficarlo.

P. S. FERNÁNDEZ / F. TISCORNIA
Hoy retirado de la banca, dirige una empresa familiar junto a sus hijos y opinó que el principal desafío del país no pasa por la segunda planta de UPM, sino por mejorar la educación para romper las brechas de desigualdad cultural.

—¿Cómo es la realidad de sus empresas en el actual escenario económico?

—A ver… No es un momento floreciente. Tenemos todo muy ajustado y bajo control. Tampoco tenemos endeudamiento. En los últimos dos años la rentabilidad se ha ajustado, en algunos casos excesivamente. Estamos ahí. Hay aumento de costos y eso hace que se note una rentabilidad mucho más ajustada y en algunos casos nula. La suerte de tener multirrubro ayuda al equilibrio global. Pero hay que ser muy cuidadoso en las decisiones que se toman.

—¿Cuáles son los costos que más se han incrementado?

—Depende de cómo se mire por los tiempos. Por ejemplo, están los temas por los Consejos de Salarios, un tema que ha golpeado son los aumentos importantes en el costo de mano de obra. Si bien las tarifas han aumentado, en el caso de la electricidad ha logrado acompañar la inflación. Si bien es muy loable, en el rubro agropecuario los salarios se han disparado y los ingresos menguaron. Cuando la soja se pasó de precio fue todo verano. Y ahí los salarios crecieron mucho, pero hoy es otra realidad. También hay un tema de especialización. El campo tradicional, donde se hacía por experiencia, no es el de hoy. Para manejar una cosechadora poco hay que saber de palancas y esfuerzo humano. Se requieren conocimientos tecnológicos. Por eso es difícil tener gente calificada y a veces la rotación en el agro lo hace muy difícil.

—¿En el plano de la capacitación Uruguay sigue siendo aquel del "arado con bueyes"?

—Tecnología hay. En capacitación humana siento que en algunos sectores la tecnología nos viene ganando en el avance. Lo corremos de atrás. Cuando llegamos: ¡Pum! Nos corrieron la ficha. La vida útil es muy corta. Es una realidad internacional. Nos obliga a que el que compra el tractor se tiene que capacitar al instante. Los cambios son muy grandes y muy rápidos.

—¿Cree que las políticas públicas pueden dar una mano en la capacitación?

—Soy un convencido que las políticas públicas siempre pueden ayudar. Lo más difícil debe ser traer a empresas y empresarios a que vengan a instalarse. Se le ha encontrado incentivos para que vengan; con la ley de Promoción de Inversiones por ejemplo (que exonera tributos según ciertas contraprestaciones del inversor). Ese es un buen ejemplo y creo que se podría hacer algo similar para la capacitación. Ante tantas horas de capacitación se haga una bonificación en el aporte personal a la seguridad social, por ejemplo. Es una forma de incentivar la capacitación y asegurando un aporte a la seguridad social de mayor calidad y estabilidad en el tiempo. Los más capacitados tienen más oportunidades. No es una queja, pero veo poco esfuerzo en estudiar estas cosas.

—¿Y si no es en el plano fiscal?

—Lo único que no haría sería premiarlo con días libres. Hay que apostar a la productividad. No por ganar más, y más, y más. Sino porque cuando mirás algunos rubros ha bajado mucho la productividad. Si me preguntan cuáles son los desafíos de Uruguay en el futuro, no es si los árboles crecen, o si viene la segunda planta de UPM. El problema grande acá desde hace diez años es de educación. Y de educación a todo nivel. No sé dónde está la falla, pero sin duda el tema de educación nos hace cada vez más diferentes. Esa brecha que queremos acortar desde el punto de vista económico es más grande desde lo cultural y educativo. Es terrible. Vamos a tener un país de guetos: estos son los de un colegio y estos son los de otros y que no avanzan. Yo no me crié en un Uruguay así. Es el mejor principio para cargarnos la democracia: generar cosas tan distintas. Es el peor ataque a la democracia. Es casi peor que otros ataques que ha habido. Nos hace cada vez más diferentes. A mí me duele eso. Y veo que cada vez estamos más distantes en tratar de solucionar el tema.

—¿Cómo ve la "cultura del trabajo"?

—Es un tema de percepciones, no tengo indicadores. Sí creo que ha decaído. En los 80 en el banco faltar por enfermedad generaba vergüenza, la gente se sonrojaba: "tuve gripe, perdoname no pude venir". Ahora es un chiste, es una broma faltar. Y ponen cualquier argumento. Hace unos meses uno me dijo que no se podía mover por un problema de columna y resulta que apareció bajando un bote en el arroyo Solís un jueves a la tarde para pescar. Tampoco se sonrojó cuando volvió. Hay menos respeto por el compañero de trabajo.

—¿Es una crisis de valores?

—Capaz que estoy grande. Pero sí. Es una falta de respeto, no a la empresa, al compañero. Y también en cuanto a responsabilidad. Le estoy dando a la gente herramientas que valen muchísimo más que el mejor auto que puedo tener. Entonces tiene que haber un cuidado: lavarlo, tenerlo presentable. Una cosechadora vale seis Mercedes-Benz. Son herramientas que hay que cuidar, lavar, tener presentables. En eso soy terriblemente exigente. Si no lavan la cosechadora, voy yo y lo hago. Ahí les da un poco de vergüenza, a algunos.

—El cuidar el trabajo, defender los valores, ¿qué otras lecciones quedaron de la crisis del 2002?

—(Baja la mirada y piensa unos segundos con cierta emoción) Duro… Eso fue una cosa terrible. Fue una cosa… Mirá, cuanto más pasa el tiempo, más difícil es poder explicar con una palabra lo que ocurrió en 2002. Es lo más parecido a que un país desaparezca. Pero no es que lo borran y pongan un lago. ¡Que desaparezca como estructura! Porque se cayó todo. Fue complejo. ¿Pero que más quedó? Hoy hay mayor rigurosidad en el endeudamiento a nivel empresarial, esa fue una lección.

—¿Y el país aprendió a endeudarse?

—El déficit fiscal debería ser criticable. En aquel momento la deuda sobre PIB era explosiva. Ahí Uruguay tomó decisiones de país grande. No comparto los niveles de déficit fiscal actual (3,6% del PIB), creo que son tentadoramente riesgosos. Al final uno termina haciendo cosas no tan ortodoxas para buscar controlarlo. No me gusta que el sistema político discuta temas de economía con negociaciones que no son profesionales. Eso de "te cambio cinco horas para maestros para que me votes lo otro…" No voy a poner ningún ejemplo pero hace poco uno fue y dio el voto 50. Así no es.

—¿Le ofrecieron entrar en política?

—Me han tentado, pero estaba totalmente sordo siempre.

—¿En algún momento del 2002 pensó que no había salida?

—El 5 de agosto (el día que reabrían los bancos tras el feriado bancario) salía de casa marcha atrás en el auto. Miré el portón de casa y dije: "¿A dónde vas, a qué vas? No hay solución". Y pensé en volver a mi casa. Pero también me dije: "volver y hacer qué". La vi difícil, muy compleja. No hemos tenido la suficiente capacidad de reconocer lo que algunas personas hicieron en aquel momento. El ministro de Economía (Alejandro Atchugarry), el presidente del Banco Central (Julio de Brum), las personas que asumieron la superintendencia de bancos (Fernando Barrán), el gobierno.

—¿Cree que el expresidente Jorge Batlle fue reconocido?

—Seguramente terminará teniendo una gran calle con su nombre. Pero como todas las cosas los reconocimientos son tarde. No tenía una relación fluida con él, no era fácil. Era un hombre duro. Pero brillante, y en ese momento tuvo el temple de no desesperar. Uruguay no se lo ha reconocido con cabalidad. A veces a otras cosas mucho menores que estas las hemos reconocido. Capaz que te tuvieron preso mal 15 días y te reconocen durante los próximos 300 años si fue en determinada época. Y sin embargo creo que él estuvo más que preso. Y siento que el reconocimiento no ha sido.

—¿Cómo fue en el banco Santander?

—En la casa matriz nos miraban como el reflejo del espejo argentino. Hice 14 viajes a Madrid ese año. Recién en el décimo pude convencer en un mano a mano con Emilio Botín (presidente del Santander en ese entonces) que no éramos Argentina. La cultura de pago de los uruguayos fue importante. Porque tuvimos una corrida de depósitos del 56% de la cartera total. Ningún sistema financiero del mundo aguanta eso. Este aguantó. Hubo grandes empresarios que ante una propuesta que nos animamos a hacerles pagaron sus créditos de forma anticipada. Hicimos dos listas de 20. Me los conozco de memoria; pero no puedo darlos. En los primeros 20 logramos recuperar más de US$ 80 millones de crédito. Yo fui a verlos uno por uno. Hay que destacar eso.
Inclusión financiera: "es una brillante ley".

—La ley de inclusión financiera está siendo debatida en el sistema político. ¿Qué posición tiene al respecto?

—Creo que es una brillante iniciativa que se debió haber impulsado antes. Pero sin lugar a duda requiere algunos ajustes. Ajustes de funcionamiento, de precios, los plazos de repago (a los comercios). Hay que revisar aranceles y costo. Hoy uno escucha disparates y cosas que no son ciertas. Algunos sectores piden que los aranceles bajen y nulos no pueden ser. Acá de qué lado nos ponemos: fiscal, bancario o del usuario. Cada uno tiene su punto de vista. Fiscalmente todos sabemos por qué se hace. No es para darle un beneficio a Doña María. Se hace para quitar opacidad, dar control, transparencia y más recaudación. Esa es la verdad de la milanesa. Hoy en Uruguay quedan muchísimos sectores que no están adaptados a la formalidad. La ley es muy buena, muy necesaria si queremos ser un país en serio. Pero requiere ajustes posiblemente de las tres partes. La ley persigue un fin que es imprescindible. La inclusión financiera es fundamental. Hoy en día por los costos globales en Uruguay no es posible atender a toda su población. Las redes de cobranza llenaron un huequito, las empresas de crédito otro huequito. Hoy en día todo eso tiende a reducirse. Va a haber en el tema financiero un cambio importante de reestructura de la red física, ni que hablar; de la forma de atender, ni que hablar. ¿Por qué no desaparecieron 100% los cajeros? Porque aún esta ley no se terminó de instaurar. Pero después para qué va a existir un cajero automático para sacar plata. No tiene sentido.

“LOS BANCOS ESTÁN ATADOS DE PIES Y MANOS”.
"Estaba en el banco cuando se advirtió por la marihuana"

—¿Le sorprendió la discusión sobre la ley de marihuana vinculada al sistema bancario?

—Es injusto todo lo que he escuchado de esto. Acá no hay ningún tema bancario. Las leyes no las hacen los bancos. Estas son normas regulatorias de los países. Injusto que culpen a los bancos. He escuchado a políticos decir cualquier tipo de cosas.

—El expresidente José Mujica salió a solicitar "sentido común" a lo bancos…

—Yo estaba en el banco (se fue del Santander en febrero de 2014) cuando se advirtió, mejor dicho, se les informó, sobre las dificultades que iba a tener este tema. Les dijimos que no se olvidaran de las normas que íbamos a tener que cumplir, no podemos trabajar con esto. Es así. Le voy a contar una anécdota con el presidente Batlle. Un día después de dejar la Presidencia compró un caballo de carrera. Cuando va a firmar el boleto de financiación en las oficinas, le dijimos que no se lo podíamos hacer. No es necesario que explique la reacción de Batlle. Si algo se parece con Mujica es en las reacciones. ¡Se armó un lío! Y a la mañana siguiente me llamó a la oficina: "¿Habla Jourdan? Voy para ahí con el caballo y se lo voy a largar en el patio del banco". A lo que le respondí: "No me extraña porque eso es un disparate y usted ha hecho tantos". Mi respuesta lo sorprendió y me preguntó si había hablado con su señora. "Ella me dijo lo mismo", dijo. Él no podía financiar esa compra por la ley que él mismo había firmado y aprobado sobre las Personas Expuestas Públicamente que no pueden ser pasibles de créditos en determinadas condiciones. Con la marihuana pasa lo mismo. Hacen una ley que no se dan cuenta que hay una norma internacional que interfiere el tema. No digo que esté bien. Los bancos están atados de pies y manos.

Diario EL PAIS - Montevideo . URUGUAY 03 setiembre 2017