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trigoEduardo BlasinaEspecial para El Observador
Agricultura para enfriar el mundo

Un aspecto gratificante de la innovación en el país es el regreso a los abonos verdes
¿Qué tienen en común Elon Musk y Richard Branson? Son dos de los empresarios considerados más ejemplares, sumamente exitosos, producen cohetes para viajes interespaciales entre muchos otros productos y servicios, pero por sobre todas esas cosas, son pilares de un concepto.
El construir negocios exitosos sobre la base de “hacer el bien”, o dicho en su idioma “do well by doing good”. La idea no es nueva. La planteó Benjamin Franklin hace más de tres siglos. El inventor del pararrayos y los lentes bifocales, es también el autor de la idea de que el dinero no hace a la felicidad. “Cuánto más dinero se tiene más se quiere tener. En lugar de llenar un vacío, el dinero lo crea”. El mismo fue un empresario exitoso porque entendía que un emprendedor individual lo suficientemente astuto podía cambiar al mundo para bien. El lo hizo en su tiempo, como ahora lo hace Branson desde Virgin o Musk desde Tesla.

El gran negocio de presente es –debe ser– salvar al mundo. No podrá esperarse a que los estados lo hagan, no podrá esperarse a que los sindicatos lo hagan, seguramente tampoco que lo hagan los empresarios que se centren en la rentabilidad “cueste lo que cueste” sin dar a sus empresas un sentido trascendente. Lo tienen que hacer los emprendedores que tienen al dinero como una consecuencia más que como una causa. El valor agregado solucionando problemas que se reinvierte en solucionar mejor más problemas. Y que sean exitosos en sus esfuerzos es urgente. En este momento de crecimiento lento y de búsqueda de caminos para volver al dinamismo, cabe esperar que el agro uruguayo –y todo Uruguay, desde el turismo hasta el software– sean capaces de encaminarse detrás de esa línea de acción.

Y básicamente en el agro y en muchas industrias y empresas de software, de lo que se trata es de producir tratando de frenar un cambio climático que se ha desbocado y que es una amenaza global de máxima importancia. De la siembra directa a los paneles solares y las aplicaciones que desde los celulares ayuden a ambas tareas. ¿Por qué se ha vuelto urgente?

Febrero fue el mes más caliente en al menos 1.000 años. Y enero tenía el récord anterior. En Uruguay la ola de calor se sintió. Pero mucho más en el polo Norte y sus inmediaciones, derritiéndose en pleno invierno con una anomalía térmica de 4 grados y más. En promedio, la fiebre del planeta se ubicó 1,35 grados Celsius por encima de lo normal, algo sin precedentes. Los meteorólogos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático han advertido que todo se volverá muy caótico si se cruza un diferencial de dos grados respecto a las temperaturas previas a la revolución industrial. Y esa perspectiva parece ahora muy cercana.

Hasta octubre, ningún mes había superado en un grado las referencias normales. Octubre superó en 1,06; noviembre en 1,03; diciembre en 1,10; enero en 1,14, y febrero lo ya dicho, 1,35 grados. Parece que hay que prepararse para veranos terribles.

Mientras eso sucede en tierra, el cambio climático, la suba de temperaturas, va acidificando el agua de los océanos y los corales van pereciendo. En Australia encendieron la alarma esta semana porque 15% de los corales ha quedado blanco.

Pero claro, lo más importante es lo que sucede con los humanos. Y sobre todo con las generaciones por venir. Y en ese sentido Uruguay tiene una enorme oportunidad llamada agua. Según Naciones Unidas, en 2025 habrá 1.800 millones de personas viviendo en situación permanente de escasez de agua, mientras que dos tercios de la población total tendrá escasez ocasional. Algo que tenemos la fortuna de no conocer prácticamente más que en ocasionales sequías.

Para frenar todas esas tendencias hay que sacar carbono de la atmósfera y enterrarlo en el suelo. Una tarea noble y redituable. “Doing well by doing good”. Menos carbón en el aire, más materia orgánica –y por lo tanto más fertilidad– en los suelos. Más fósforo y nitrógeno retenidos por suelos sanos, y menos fósforo y nitrógeno en las aguas. Y certificarlo. Porque el calentamiento global ha venido para quedarse y acentuarse y será el gran tema de este siglo –junto al terrorismo–. Dentro de las tantas cosas gratificantes que se pueden ver en el panorama de innovación de la agricultura uruguaya, el regreso a los abonos verdes, es uno de los aspectos a seguir. Usar cultivos forrajeros simplemente para servir de nutrientes al suelo. Usar la agricultura no solo para alimentar a la humanidad, sino también para enfriar al mundo. Una humanidad cada vez mejor alimentada y un clima que algún día vuelva a estabilizarse, son las misiones clave de la agronomía de este siglo.

Y si Uruguay logra hacerlo, mostrarlo y demostrarlo, hará un gran negocio. Todo lo anterior puede sonar a algo muy etéreo y conceptual. Pero los servicios meteorológicos advierten que hay más de 50% de chance de que el próximo verano sea Niña, o sea con alta chance de pocas lluvias. Más vale ser proactivos. Sequía con altas temperaturas es una combinación obviamente terrible. Actuar estratégicamente pensando en el largo plazo y tácticamente a tomar previsiones para los próximos meses.

Diario EL OBSERVADOR - Montevideo - URUGUAY - 26 marzo 2016