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PIQUETEROS2016El conflicto acerca de la pastera fraybentina: la experiencia a rescatar luego de que saliera a luz un informe

Se puede decir que la cosa recién empieza. Si no se prefiere expresar que puede reiniciarse y convertirse en algo de nunca acabar. De esta manera no estamos aludiendo a la publicación por parte de la de la CARU (Comisión Administradora del Río Uruguay) del informe con los resultados de los monitoreos medioambientales al Río Uruguay, en el tramo que, desde un poco más arriba de Fray Bentos, se extiende un poco aguas debajo de la desembocadura del río Gualeguaychú, sino a los nuevos "cruces" que esa circunstancia ha provocado, que vienen a mostrarse como preanunciados por los incalificables chisporroteos que hasta ayer no más, provocara el proyecto enderezado a modificar la denominada "ley de la madera".
Con lo que cabría concluir que a la hora de pelearse solo es necesarios contar con dos –en este caso son más- dispuestos a hacerlo, y agregamos, por nuestra parte, que el tema es lo de menos.

Se debe así en un escueto racconto de ese estado de cosas, partir de una nota periodística que "suena a pase de facturas" –independientemente del juicio que nos merezca su contenido en cuanto a su exactitud respecta-, publicada por un diario capitalino al que todavía unos cuantos siguen llamando mentiroso. Nota que pasamos a transcribir parcialmente no tanto como "recordatorio" sino como forma de ver si existen otros a los que también les suena de la misma manera.

Viene en ella a rememorarse que "en abril de 2014 una extraña y masiva mortandad de abejas a unos 400 metros del puente entre Gualeguaychú y Fray Bentos fue atribuida a un envenenamiento con gases emanados por Botnia, la pastera a la que aquí llegaron a llamar bomba química". Pero las exageraciones habían comenzado 10 años antes, cuando la planta aún estaba en construcción. Una asamblea de vecinos anunciaba que vendría un Apocalipsis ecológico sin necesidad de exhibir pruebas. Y a falta de pruebas se radicalizaron. Demonizaron la papelera y bloquearon por años la ruta y el puente a Fray Bentos. Piquetes a los que llamaban eufemísticamente cortes. La Argentina pidió a La Haya que ordenara a Uruguay frenar la obra. Y a falta de otro mejor, el argumento fue que ya contaminaba aunque no estuviera funcionando. Una contaminación metafísica. Los vecinos dijeron que ellos mismos detendrían a Botnia si la Corte no lo hacía: se someterían al fallo sólo si era a favor. No lo fue. Convocaron a multitudes sobre el puente y Kirchner malvinizó la lucha. Dijo que Gualeguaychú era "una causa nacional". Y el gobernador Busti dijo que se había agotado la vía diplomática. El conflicto escaló hasta niveles desopilantes. La asamblea pidió la intervención de Chávez que "se anima a enfrentar el poder económico mundial y a los que manejan el dinero". La pastera era parte de una confabulación internacional.Dijeron que una abuela-bomba podría inmolarse contra ella. Hablaron de hacer un juicio aquí a los directores del Banco Mundial por un préstamo a Botnia. Y como si fueran autoridad de un territorio libre, otorgaban pases para cruzar el puente cerrado. La Haya falló en nuestra contra ¿y qué falló Cristina?: que "nos habían dado la razón". Por ese camino estábamos condenados. Y cualquier acuerdo sensato podía ser asimilado a una traición.

Siguen ahora las declaraciones del senador nacional Guastavino, vecino de Gualeguaychú, que, como casi no es necesario recordarlo, dijo respecto a la publicación del informe, "luego del acuerdo entre Macri y Tabaré se iba a determinar que los niveles de contaminación de UPM-exBotnia iban a ser menores, y es lamentable pero me quedé corto: en este nuevo enfoque resulta ser que el factor contaminante del Río Uruguay es la comunidad de Gualeguaychú". Luego de lo cual viene a escaparse por la tangente, dejando de lado sus dote premonitorias para pasar a criticar lo que puede suceder en el futuro – lo pasado, pisado- al señalar el "reprochable el manoseo y la manipulación que han hecho (estrictamente se tendría que decir "que van a hacer" de la normativa de aplicación para analizar los datos obtenidos en los monitoreos, establecida en el Digesto de la CARU, pretendiendo reducir las exigencias para el efluente de la planta UPM".

Siguiendo con las declaraciones de Guastavino, lo que no tiene desperdicio que lanza en ellas una velada imputación a los habitantes de Puntas del Gualeguaychú que contaminarían el río con sus efluentes– atención a los moradores de esa zona- que en parte corresponde a nuestro territorio departamental. Es quien insinúa que ello puede ser uno de los factores causantes de que el río del mismo nombre venga a desembocar contaminado al río Uruguay. Insinuación que formula al apuntar al supuesto error que se comete al comparar un efluente industrial con la desembocadura de un río que tiene sus nacientes en el Departamento Colón y luego de recorrer más de 80 Km, próximo a su desembocadura se sitúa una población con más de 230 años de historia". Una pregunta que son muchos los que no dejarán de hacerse: ¿qué tienen que ver los dos siglos de historia de la ciudad hermana de Gualeguaychú con la posibilidad que la misma se haya convertido en una fuente contaminante?

En medio de todo el bochinche estudiantes gualeguaychuenses protagonizaron "el grito blanco" en contra de la indicada posible reforma de la "ley de la madera". Una movida ecologista que volvió a colocar en el candelero a los referentes de la Asamblea Ambiental Gualeguaychú, a uno de los cuales se le escuchó señalar "la falta de argumentos reales y formales para intentar voltear la Ley de la Madera vigente", reiterando que "no hay ningún argumento serio para hacerlo". Aunque al mismo tiempo omitió señalar en función de que argumentos no cabe "voltearla".

Luego de este largo aunque incompleto repaso, no nos queda sino pedir que se trate de mirar las cosas con la debida perspectiva, de manera que la objetividad debida nos impida hundirnos más en un desgraciado bochorno. Sobre todo si se tiene en cuenta que de lo acontecidos es posible rescatar experiencias positivas.

Primero: la emergencia de una conciencia ambientalista, independientemente del hecho que la misma, más allá de sus buenas intenciones, haya sido mal orientada de manera de provocar en muchos un peligroso "lavado de cerebro"

También, que ha hecho que adquiera dimensión pública la necesidad de un control permanente y sistemático a las actividades industriales desarrolladas en las cuencas de nuestros ríos, para impedir que ellas transgredan rigurosos parámetros de protección ambiental. Es así como podría llegar a afirmarse que en todo el ámbito de nuestro país y de los vecinos no se ha dado el caso de ninguna planta industrial tan celosa y continuadamente controlada como la pastera ex Botnia.

Por último, que debemos ser no solo consecuentes sino coherentes en nuestra defensa del medio ambiente. Lo que significa comenzar por no atender a la paja en el ojo ajeno mientras no mira la viga en el propio, tal cual reza un viejo refrán. Y a ese respecto ¿qué es lo que se hace en nuestra ciudad para sanear los arroyos que la abrazan, con la consiguiente contaminación de playas y río?

Todo lo cual no debe impedir que aludamos a lo que en realidad es quizás su perversidad, la cara monstruosa de la situación que nos ocupa, cual es la manipulación política–el silenciar la información sobre el nivel de contaminación del río con la que se contaba, entre otras cosas- que se ha hecho del entredicho, y sus efectos verdaderamente maléficos en relación con nuestro país verdaderamente hermano, Uruguay, sin olvidar las consecuencias dañinas que tuvieron para nuestra economía regional las medidas de acción directas adoptadas, consentidas y ejecutadas en ese marco.

EL ENTRERIOS -  ARGENTINA - 08 noviembre 2016